La discusión pública y académica en México apunta a que la violencia que padece el país tiene como punto de origen la guerra contra el narcotráfico emprendida por el presidente Felipe Calderón (2006-2012) a inicios de su sexenio. Sin embargo, desde una perspectiva de la historia ambiental de la guerra que comprende aristas como la contrainsurgencia, la guerra contra el narcotráfico y las organizaciones guerrilleras y movimientos sociales se puede ver que las raíces del conflicto son mucho más profundas, llegando a las décadas de 1960-1970, periodo en el que inició el movimiento armado socialista y la “primera” guerra contra el narcotráfico con la Operación Cóndor, procesos que tuvieron como foco central el noroeste de México. En este sentido, la hipótesis es que el conflicto armado o guerra irregular tiene un fuerte componente ambiental y que sus orígenes se pueden rastrear a mediados de siglo XX, con el surgimiento de guerrillas socialistas a raíz de la represión y las promesas incumplidas de la revolución mexicana, siendo el reparto agrario y la democratización dos de los principales catalizadores de los movimientos sociales y armados. Es aquí cuando el Estado mexicano lanza, en primer momento, una avanzada contrainsurgente y años después la guerra contra el narcotráfico, con el fin de establecerse como el actor hegemónico en la producción territorial. A partir de ello, la investigación se apoya en una perspectiva espacio‑temporal braudeliana y en un diálogo interdisciplinar entre geografía marxista‑anarquista, historia ambiental y social, estudios militares, estudios para la paz y otras líneas de investigación, con el fin de analizar el proceso de construcción de hegemonía ambiental por parte del Estado mexicano y las distintas relaciones que este estableció con el narcotráfico y grupos subalternos. Para ello, se realizó un análisis histórico‑ambiental de archivos mexicanos y estadounidenses de instituciones civiles y militares, así como la elaboración de cartografía histórica. El estudio parte a mediados de siglo XX, cuando la pax priísta comienza a ser cuestionada por grupos subalternos que son duramente reprimidos y deciden transitar a la clandestinidad. Simultáneamente, el narcotráfico crecía en diversos puntos del noroeste, particularmente en la Sierra Madre Occidental, fenómeno que fue controlado por el Estado mediante campañas antinarcóticos. El estudio cierra en la década de 1990 con la irrupción zapatista que supuso una coyuntura en la relación insurgencia-contrainsurgencia, constituyéndose en una de las primeras experiencias prefigurativas.
Public and academic debate in Mexico tends to attribute the violence experienced by the country to the war on drug trafficking launched by President Felipe Calderón (2006–2012) at the beginning of his term. However, from the perspective of the environmental history of war—which encompasses dimensions such as counterinsurgency, the war on drugs, and guerrilla organizations and social movements—it becomes evident that the roots of the conflict are much deeper, extending back to the 1960s and 1970s. This period witnessed the emergence of socialist armed movements and the “first” war on drug trafficking through Operation Cóndor, processes that were centrally focused on northwestern Mexico. From this standpoint, the main hypothesis of the thesis is that armed conflict or irregular warfare in Mexico has a strong environmental component, and that its origins can be traced back to the mid-twentieth century with the rise of socialist guerrillas rooted in repression and the unfulfilled promises of the Mexican Revolution. Agrarian reform and democratization acted as two of the main catalysts of social and armed movements. It was in this context that the Mexican state initially deployed a counterinsurgency offensive and later launched the war on drug trafficking, with the aim of establishing itself as the hegemonic actor in territorial production. Accordingly, the research is grounded in a Braudelian space-time perspective and in an interdisciplinary dialogue between Marxist-anarchist geography, environmental and social history, military studies, peace studies, and related fields, in order to analyze the process through which the Mexican state constructed environmental hegemony and the various relationships it established with drug trafficking and subaltern groups. To this end, the study undertakes a historical-environmental analysis of Mexican and United States archives from both civil and military institutions, as well as the production of historical cartography. The study begins in the mid-twentieth century, when the pax priísta started to be challenged by subaltern groups that were harshly repressed and consequently moved into clandestinity. Simultaneously, drug trafficking expanded across various areas of the northwest— particularly in the Sierra Madre Occidental—a phenomenon that the state sought to control through anti-narcotics campaigns. The study concludes in the 1990s with the Zapatista uprising, which constituted a critical juncture in insurgency–counterinsurgency relations and one of the earliest prefigurative experiences.
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