La enfermedad renal crónica en estadio terminal constituye un problema de salud de elevada relevancia clínica y social, asociado a una alta carga de morbimortalidad y a un impacto profundo sobre la calidad de vida relacionada con la salud. El tratamiento renal sustitutivo mediante hemodiálisis, aunque imprescindible para la supervivencia, conlleva una reorganización sustancial de la vida cotidiana del paciente, caracterizada por restricciones funcionales, dependencia tecnológica y una exposición continuada a demandas físicas y psicosociales. En este contexto, la literatura ha descrito de forma consistente una elevada prevalencia de malestar socioafectivo, particularmente depresión, ansiedad y estrés, junto con un deterioro significativo de la calidad de vida, especialmente en sus dimensiones psicosociales. Sin embargo, la mayor parte de los estudios se han centrado en una aproximación deficitaria al malestar psicológico, prestando menor atención a los recursos personales positivos que pueden modular la adaptación del paciente al tratamiento. La resiliencia psicológica, entendida como la capacidad de afrontar y adaptarse positivamente a situaciones adversas, ha emergido como un constructo de interés creciente en el ámbito de las enfermedades crónicas. En pacientes con enfermedad renal crónica sometidos a hemodiálisis, la resiliencia podría desempeñar un papel relevante en el afrontamiento del malestar emocional y en la percepción de la calidad de vida relacionada con la salud. No obstante, la evidencia empírica disponible en esta población es todavía limitada, especialmente en el ámbito hispanohablante y en estudios que incorporen de manera explícita el análisis de las diferencias según el sexo y su posible papel modulador. En este contexto, la presente tesis doctoral tuvo como objetivo analizar los niveles de resiliencia en pacientes con enfermedad renal crónica en tratamiento con hemodiálisis de mantenimiento y examinar su relación con la depresión, la ansiedad, el estrés y la calidad de vida relacionada con la salud. De forma específica, se planteó explorar las diferencias según el sexo y evaluar el peso relativo de las variables socioafectivas y de los distintos dominios de la calidad de vida en la variabilidad observada de la resiliencia. El estudio se diseñó con un enfoque cuantitativo, observacional, transversal y analítico, orientado a identificar asociaciones estadísticas entre variables psicosociales relevantes, sin pretensión de establecer relaciones causales. La investigación se llevó a cabo en la Unidad de Nefrología del Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” (Madrid, España). La muestra estuvo compuesta por 55 pacientes adultos en hemodiálisis de mantenimiento, seleccionados mediante muestreo consecutivo no probabilístico. Del total de participantes, 35 eran hombres (63,6 %) y 20 mujeres (36,4 %), una distribución acorde con la epidemiología habitual de la enfermedad renal crónica en estadio terminal. Los criterios de inclusión fueron: edad igual o superior a 18 años, diagnóstico de enfermedad renal crónica terminal (ERCT) y permanencia en tratamiento con hemodiálisis durante al menos 12 meses. Se excluyeron pacientes con deterioro cognitivo significativo o con incapacidad para comprender y completar los instrumentos de evaluación. Ninguno de los participantes se encontraba en tratamiento farmacológico o psicológico específico por trastornos socioafectivos en el momento de la evaluación. La resiliencia se evaluó mediante la Resilience Scale de 14 ítems (RS-14), tratada como variable continua. La depresión, la ansiedad y el estrés se midieron mediante la Depression Anxiety and Stress Scale-21 (DASS-21), analizándose tanto las puntuaciones continuas como las categorías clínicas de gravedad. La calidad de vida relacionada con la salud se evaluó mediante el cuestionario Kidney Disease Quality of Life Short Form™, versión 1.3 (KDQOL-SF™), que incluye componentes resumidos físico (PCS) y mental (MCS), dominios genéricos del SF-36 y dominios específicos de la enfermedad renal. El análisis estadístico incluyó estadística descriptiva, evaluación de la normalidad mediante la prueba de Shapiro–Wilk, análisis correlacional no paramétrico (ρ de Spearman), comparaciones entre grupos según el sexo y modelos de regresión lineal múltiple. Se estimaron tamaños de efecto e intervalos de confianza del 95 %, aplicando control de multiplicidad mediante el procedimiento de Benjamini–Hochberg (q = 0,10) y análisis de robustez mediante errores estándar robustos HC3 y bootstrap con 2.000 réplicas. Los resultados descriptivos mostraron que la muestra global presentó niveles moderados de resiliencia, con una puntuación media en la RS-14 de 74,02 puntos (DE = 13,99; IC 95 %: 70,24–77,80), con valores mínimo y máximo de 44 y 98, respectivamente, y una distribución aproximadamente normal (Shapiro–Wilk W = 0,964; p = 0,096). El análisis estratificado por sexo reveló diferencias estadísticamente significativas en los niveles de resiliencia, con puntuaciones superiores en los hombres (M = 77,74; IC 95 %: 73,01–82,48; mediana = 82) frente a las mujeres (M = 67,50; IC 95 %: 61,85–73,15; mediana = 66). La asociación entre sexo y resiliencia fue significativa (ρ = −0,378; p = 0,004) y se mantuvo tras la corrección por multiplicidad, lo que evidencia un patrón diferencial de capacidad adaptativa según el sexo. En relación con el estado socioafectivo, se observó una elevada frecuencia de sintomatología emocional clínicamente relevante. El 50,9 % de los pacientes presentó algún grado de depresión, distribuido en niveles leves (14,5 %), moderados (14,5 %), severos (10,9 %) y extremadamente severos (10,9 %). En ansiedad y estrés se identificaron patrones similares. El análisis por sexo mostró que las mujeres concentraron una mayor proporción de niveles graves y extremadamente graves de depresión, ansiedad y estrés, configurando un perfil de mayor vulnerabilidad emocional en comparación con los hombres. El análisis correlacional puso de manifiesto asociaciones negativas fuertes y estadísticamente significativas entre la resiliencia y la depresión (ρ = −0,779; p < 0,001), la ansiedad (ρ = −0,760; p < 0,001) y el estrés (ρ = −0,686; p < 0,001), manteniéndose todas ellas tras el control por multiplicidad. Asimismo, se observaron correlaciones positivas elevadas entre las tres dimensiones del DASS-21, reflejando la coexistencia de los estados afectivos negativos en la muestra. En cuanto a la calidad de vida relacionada con la salud, la resiliencia mostró asociaciones positivas y estadísticamente significativas con múltiples dominios psicosociales del KDQOL-SF™, destacando el componente mental, la vitalidad, la función social, el rol emocional y la salud mental, así como determinados dominios específicos de la enfermedad renal. Por el contrario, las asociaciones con el componente físico y con los dominios físicos fueron más débiles o no significativas. Además, se identificaron diferencias significativas según el sexo en diversos dominios de la calidad de vida, especialmente en aquellos relacionados con la esfera psicosocial, lo que indica que la experiencia subjetiva de la enfermedad y del tratamiento no es equivalente en hombres y mujeres.
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