La persistencia del conflicto armado colombiano se explica por la concurrencia de factores estructurales como la exclusión política, la desigualdad social, la concentración de tierras y la irrupción del narcotráfico, que erosionaron la legitimidad, la confianza y la capacidad estatal, y al mismo tiempo complejizaron las dinámicas de la confrontación armada al introducir nuevos actores y motivaciones que trascendieron de la lucha ideológica a la economía de guerra. En este contexto, el proceso de negociación de paz de La Habana (2012-2016) entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP constituye un referente histórico para analizar los factores que contribuyeron y dificultaron el curso de la negociación y la firma del Acuerdo Final. La investigación se distancia de un análisis lineal de los hechos para abordar el objeto de estudio como un proceso dinámico, complejo, relacional e imperfecto, que concibe la paz como un proceso inacabado, coexistente con formas de violencia y atravesado por tensiones estructurales en cada una de sus fases. Responde implícitamente a la pregunta sobre cómo un diseño procesal meticuloso y la convergencia de condiciones de madurez específicas permitieron superar los fracasos históricos de intentos de negociación con la misma guerrilla. La pregunta problema que orienta esta tesis doctoral es, por consiguiente: ¿cuáles factores contribuyeron y cuáles dificultaron el curso del proceso de negociación de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP durante el periodo 2012-2016, así como la firma del Acuerdo Final? Su respuesta permite extraer lecciones transferibles para futuros procesos de paz en Colombia y en contextos comparables. El andamiaje teórico de la tesis se sustenta en el campo de la Investigación para la Paz, adoptando como eje central el paradigma de la paz imperfecta. Este enfoque permite comprender la paz no como un estado final utópico de ausencia total de violencia, sino como un proceso inacabado, dinámico y en constante construcción, que coexiste con diversas formas de conflicto. El análisis de la transición de la confrontación armada al diálogo se fundamenta en las teorías de resolución de conflictos y los modelos de madurez del conflicto. La tesis argumenta que el proceso de paz de La Habana fue viable porque, por primera vez, el conflicto alcanzó una madurez o “estancamiento mutuamente doloroso”, producto de una correlación de fuerzas favorable al Estado, un desgaste estratégico en la insurgencia y la voluntad política de las partes, que permitieron la apertura de “ventanas de oportunidad” decisivas para iniciar la fase exploratoria. La investigación se basa en un diseño metodológico cualitativo, de tipo histórico-interpretativo, sustentado en el análisis de fuentes primarias intencionales (memorias, discursos, autobiografías de negociadores) y no intencionales (actas oficiales, comunicados conjuntos, registros de prensa, borradores de acuerdos, documentos oficiales) sobre el objeto de estudio. Se aplicaron técnicas de crítica de fuentes, análisis del discurso, minería de datos y triangulación de fuentes. La reconstrucción de la arquitectura del proceso de negociación de paz de La Habana se logró mediante la revisión de las tres fases: exploratoria, negociación y firma del acuerdo. Este enfoque metodológico permitió contrastar las narrativas de los protagonistas con la evidencia documental existente sobre el proceso. Los intentos previos de negociación de paz con las FARC-EP (La Uribe 1982, Caracas-Tlaxcala 1991-1992 y Caguán 1999) revelaron lecciones y déficits estructurales recurrentes en el diseño, entre los que se destacan: agendas maximalistas, reglas de juego ambiguas, fases exploratorias inmaduras, incapacidad para la gestión de spoilers y falta de garantías, así como ausencia de claridad en la participación de terceros. El éxito de La Habana se define, en gran medida, por su capacidad para aprender de estas lecciones del pasado. El análisis de las tres fases del proceso de La Habana revela los factores que permitieron superar estos déficits históricos. Por ejemplo, la viabilidad del proceso se cimentó en una meticulosa fase exploratoria, posible por la convergencia de las “ventanas de oportunidad”: la muerte del líder histórico de las FARC-EP, la correlación de fuerzas favorable al Estado y el cambio en el discurso del gobierno, que reconoció la naturaleza política del conflicto. Los hallazgos demuestran que la confianza en la fase exploratoria secreta se construyó mediante un diseño procesal riguroso que incluyó: la adopción de un canal único (backchannel) discreto y autorizado para los contactos iniciales; la adopción de una agenda acotada (seis puntos) y estructural, centrada en las causas y consecuencias del conflicto; la definición de una sede neutral que aisló la mesa del “ruido” mediático y militar propio de la dinámica del conflicto; y la adopción de reglas claras para adelantar los diálogos. La fase de negociación introdujo innovaciones metodológicas trascendentales para la legitimidad del proceso. El hallazgo central es la inclusión plural de víctimas, perspectiva de género y colectivos étnicos, así como la interacción y participación controlada —no meramente consultiva— de actores sociales y garantes internacionales. El gran hito diferenciador de este proceso fue la participación directa de las víctimas del conflicto. Sus testimonios en La Habana humanizaron el diálogo, transformaron las posturas de las delegaciones y aseguraron que la justicia transicional (JEP) y la verdad (Comisión de la Verdad) fueran el eje del punto cinco del acuerdo. La participación de la sociedad civil fue otro factor diferenciador, canalizada a través de mecanismos efectivos que ampliaron de manera organizada la deliberación. La fase de firma y renegociación del acuerdo puso a prueba la robustez, el anclaje del proceso y la resiliencia frente a la crisis. El Acuerdo Final firmado en Cartagena (24/08/2016) sufrió un revés con el triunfo del “No” en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, lo que obligó a su renegociación. El Acuerdo del Teatro Colón (24/11/2016) es el resultado de esta crisis y su firma simbolizó el carácter imperfecto del proceso de paz y la capacidad de adaptación frente a la crisis de legitimidad. El análisis comparativo entre las dos versiones del acuerdo evidencia regresiones significativas, especialmente en el “enfoque de género”, matizado para apaciguar voces conservadoras. Este resultado es la máxima expresión de la paz imperfecta: un acuerdo políticamente viable y ajustado, aunque no fuera el ideal técnico alcanzado en Cartagena. La investigación concluye validando los cuatro supuestos planteados en esta tesis doctoral. Los factores determinantes que explican el éxito del proceso de negociación de paz de La Habana fueron: • S1 Diseño y Agenda: Una agenda acotada y un diseño procedimental claro que redujo la ambigüedad y orientó el ritmo de las negociaciones. • S2 Territorio Neutral y Reglas de juego: La elección de La Habana y la adopción de reglas estables operaron como infraestructura de confianza. • S3 Participación y Legitimidad procesual: La inclusión estructurada de víctimas, mujeres y sociedad civil fortaleció la legitimidad y calidad de los acuerdos. • S4 Acompañamiento Internacional: El rol de garantes (Cuba y Noruega) y acompañantes (Venezuela y Chile) proveyó incentivos de cumplimiento, verificación y mecanismos importantes para la gestión de crisis. En conjunto, estos factores, habilitados por la madurez del conflicto y la voluntad política, constituyeron la arquitectura esencial que permitió a Colombia negociar con la guerrilla activa más antigua de América Latina. La experiencia de La Habana evidenció que la voluntad política se erigió como un factor determinante, habilitante y sostenedor del proceso: su ausencia explica el colapso de procesos anteriores; su presencia, la resiliencia del proceso frente a crisis como el plebiscito y la renegociación.
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