El concepto “Obispo” es, en el ámbito eclesial, una categoría antigua y compleja, utilizada originariamente en funciones muy delimitadas y en espacios determinados. Por ello, a fin de conocer estas precisiones, debemos acudir al estudio de la disciplina teológica. Ya desde una perspectiva trinitaria, Juan Pablo II recordaba a los Obispos colombianos que “el Obispo es imagen del Padre, hace presente a Cristo como Buen Pastor, recibe la plenitud del Espíritu Santo”. De esta manera, el pontífice polaco acentuaba que la teología ilumina el ser (identidad) y el obrar (misión) de los sucesores de los Apóstoles. Particularmente, la teología dogmática y la teología pastoral –considerando contenidos de la sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el magisterio− brindan características que nos permiten comprender el surgimiento, la identidad del oficio episcopal y los desafíos que se fueron presentando a lo largo de la historia. Nuestro trabajo cuenta con tres objetivos: a) Estudiar la figura del Obispo emérito a partir de las causales canónicas que llevan a esta condición; b) Determinar los conceptos más adecuados para hacer referencia a los Obispos que cesan en su oficio; c) Proponer oficios que puede desempeñar el Obispo emérito, incluso con la posibilidad de cambiar su denominación por otros términos.
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