Desde la génesis de la educación infantil en Chile, la organización administrativa y curricular ha transitado por dos momentos de reforma clave para la formulación de sus orientaciones curriculares, la primera data del año 2001, mientras que la segunda corresponde al año 2018, estimando que al 2023 la fase de implementación hubiese alcanzado su consolidación. A lo largo de casi 20 años, ninguna de las dos composiciones ha logrado una legitimidad socio educativa contundente, pues en la práctica, especialmente a nivel microcurricular, y micropolítico yacen y evidencian desafíos significativos, que evidencian dificultades para una transición curricular que dialogue con los aspectos pedagógicos y estructurales que la determinan. Esto es lo que representa la tesis inicial de este trabajo doctoral, por cuanto, se presume que es requisito imperativo que para que una reforma curricular de gran envergadura suscite participación democrática, es menester que tenga la capacidad de convocar a quienes se involucran en la acción educativa, junto con la posibilidad de apropiación de los componentes pedagógicos y filosóficos de base de dicha transición. Así, el objetivo de este trabajo refiere a analizar los sentidos y objetivos que emergen de la implementación de la reforma curricular para el nivel infantil en Chile, desde una perspectiva crítica, en tanto aporta evidencia empírica para nutrir la política pública. El procedimiento metodológico, se identifica como de método mixto de diseño secuencial exploratorio de finalidad derivativa, con una sucesión CUAL-cuan. Finalmente, los resultados indican que tanto los agentes educativos como la institucionalidad, perciben el periodo de “transición educativa” y lo que emerge de ella, de manera prescrita, vertical, con escaso espacio para la participación auténtica y democrática, que conlleve a una transformación curricular enmarcada en un pacto educativo o contrato social legitimado socio educativamente.
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