El nitrógeno es un macronutriente esencial para el crecimiento y desarrollo vegetal. Su manejo, para maximizar la productividad vegetal y la calidad de los cultivos, sigue siendo uno de los principales desafíos de la agricultura moderna. Tradicionalmente, el nitrato (NO₃⁻) domina como fuente nitrogenada inorgánica en agrosistemas, debido a su solubilidad y eficiencia de absorción por las raíces. Sin embargo, la nutrición nítrica conlleva importantes costes ambientales, incluyendo la contaminación de ecosistemas acuáticos y la emisión de óxido nitroso (N₂O), un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono. Estas pérdidas hacen que los sistemas agrícolas sean altamente ineficientes en el uso del nitrógeno y alrededor del 50% del nitrógeno aplicado se pierde al medio ambiente. Por ello, mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno (NUE) en los sistemas agrícolas es una cuestión de gran importancia, reiterada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en sus informes, y por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La fertilización basada en el amonio (NH₄⁺) surge como una alternativa prometedora para minimizar las pérdidas de nitrógeno.
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