El efecto de la programación fetal y perinatal es el resultado de todos aquellos procesos que suceden durante el periodo prenatal y los primeros meses de vida e influyen en la salud de todos los seres humanos. Sus desequilibrios se relacionan con múltiples enfermedades. Algunos factores gestacionales y perinatales podrían estar incluidos en la patogénesis de los tumores neuroblásticos, un grupo de tumores pediátricos de origen embrionario que se originan en el sistema nervioso simpático.
Se ha llevado a cabo un estudio retrospectivo en una cohorte de pacientes pediátricos diagnosticados de tumores neuroblásticos entre 2005 y 2013 en varios hospitales españoles del área mediterránea. El análisis recopiló datos clínicos, histológicos, moleculares y del microambiente tumoral. Además, se generaron tres sistemas de recolección de datos destinados a mejorar la precisión de la documentación gestacional y perinatal y contribuir a optimizar estudios futuros sobre el origen de estas enfermedades.
Entre los hallazgos más relevantes, se destaca la relación entre los eventos estresantes maternos durante el embarazo y la presencia de alteraciones congénitas al nacimiento y un mayor riesgo de desarrollar tumores neuroblásticos en la descendencia. Estos factores podrían haber influido en el desarrollo fetal, alterando la microbiota intestinal y afectando el sistema inmunológico, incrementando la susceptibilidad a este tipo de tumores. Además, consideramos importante incidir en una mayor conciencia sobre los factores de riesgo prenatales y perinatales, ya que podrían ser esenciales en la prevención y manejo de los tumores neuroblásticos, por lo que hemos diseñado esquemas para su recolección de manera sistemática. Finalmente, sería interesante la integración y reproducibilidad de toda esta información para promover nuevas líneas de investigación y nuevas formas de tratamiento de estos cánceres.
Como conclusión, la programación fetal y perinatal puede estar jugando un papel crucial en el origen de los tumores neuroblásticos, pero hacen falta más estudios que lo confirmen y mejores registros. Es necesario un enfoque integral que considere tanto los factores genéticos, epigenéticos, microbiológicos y ambientales para un futuro más esperanzador en el manejo y tratamiento de esta enfermedad.
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