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Eficiencia del gasto sanitario y su relación con el estado de salud individual: Teoría, evidencia empírica y propuesta metodológica

  • Autores: Hoover Quitián
  • Directores de la Tesis: David Bardey (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de los Andes (Colombia) ( Colombia ) en 2025
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Óscar Becerra (presid.), Andrés Ignacio Vecino Ortiz (secret.), Paul Rodríguez (voc.)
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  • Resumen
    • En un contexto de recursos limitados y demandas crecientes en los sistemas de salud, garantizar un gasto eficiente se ha convertido en una prioridad estratégica. La asignación adecuada de recursos no solo afecta la sostenibilidad financiera de los sistemas sanitarios y su capacidad para atender otras necesidades sociales, sino que también determina la calidad y la equidad de los servicios médicos ofrecidos. Las tecnologías sanitarias avanzadas representan una oportunidad significativa para mejorar la salud de las poblaciones; sin embargo, su implementación debe fundamentarse en decisiones informadas que consideren la relación costo-beneficio, las diferencias en el estado de salud de los individuos y las implicaciones para el bienestar social. En este marco, resulta esencial desarrollar herramientas metodológicas y modelos teóricos que optimicen la inversión en salud, maximizando los resultados y promoviendo una distribución equitativa de los recursos disponibles. Esta tesis aborda estas cuestiones a través de tres artículos, centrados en la demanda de tecnologías sanitarias, particularmente en la relación entre su efectividad y el estado de salud de los individuos, así como en los criterios para priorizar su financiamiento con fondos públicos.

      El primer artículo revisita el modelo de capital humano en salud de Grossman (1972), introduciendo modificaciones para abordar críticas y explicar fenómenos empíricos no cubiertos originalmente en el modelo. Se incluye un límite superior en la acumulación de capital de salud, la influencia del estado de salud en la efectividad de las tecnologías sanitarias y la mejora de la salud mediante bienes que no son tecnologías sanitarias. El modelo modificado se analiza en dos escenarios: las decisiones de un individuo y las de administradores de un sistema de salud. Se muestra cómo el modelo sí puede explicar la relación negativa entre consumo de tecnologías sanitarias y estado de salud, al considerar la productividad del capital de salud y su límite máximo. Además, se destaca cómo la asignación óptima de recursos en salud varía según la probabilidad de mejora del paciente. Los resultados permiten formular nuevas recomendaciones de política pública y refuerzan la utilidad del modelo de capital humano para analizar la demanda de tecnologías sanitarias.

      El segundo estudio analiza la variación en el beneficio en salud derivado del uso de tecnologías sanitarias según el estado de salud de los individuos. A partir de datos administrativos del sistema de salud colombiano, se estima un modelo de regresión en el que el beneficio en salud se explica por el consumo de tecnologías sanitarias y su interacción con distintos niveles del estado de salud. El beneficio en salud se mide mediante el cambio en la probabilidad de mortalidad a cuatro años, mientras que los niveles de estado de salud se categorizan con el índice de Charlson. Para abordar la doble causalidad entre el estado de salud y el consumo de tecnologías, se emplea el cierre de una compañía aseguradora como variable instrumental. Los resultados evidencian que el beneficio asociado al uso de tecnologías sanitarias tiene un comporta miento en forma de U invertida en función del grado de deterioro de la salud. Estos hallazgos sugieren que la implementación de umbrales diferenciados de disposición a pagar, según la gravedad de la condición de salud, podrá mejorar la eficiencia del gasto sanitario y maximizar el bienestar social.

      Finalmente, el tercer artículo propone una metodología para seleccionar tecnologías financiables con recursos públicos, integrando la valoración social, los objetivos del sistema de salud y el avance tecnológico. Para ello, se emplea un experimento de elección discreta (DCE), con el objetivo de caracterizar las preferencias sociales en relación con los beneficios de las tecnologías sanitarias. Dicho experimento considera cinco atributos: la edad del paciente, la esperanza de vida asociada al tratamiento, la calidad de vida resultante, la reducción en los requerimientos de cuidado y el costo del tratamiento. Los resultados revelan que la mayoría de estos atributos son relevantes para la sociedad al priorizar tecnologías sanitarias, salvo la reducción en los requerimientos de cuidado, que no resulta significativa. Asimismo, se observa que a mayor costo de la tecnología, menor es la probabilidad de que sea priorizada para financiamiento, lo que indica que los individuos comprenden la importancia de un uso eficiente de los recursos públicos. La metodología propuesta es aplicable a la evaluación de cualquier tecnología y puede adaptarse a contextos específicos de diferentes sistemas de salud, contribuyendo a mejorar la eficiencia en la asignación de recursos y la transparencia en la toma de decisiones.


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