La fragilidad se define como un síndrome clínico prevalente en población de edad avanzada, que incrementa el riesgo de eventos adversos como discapacidad, hospitalización y mortalidad. En el contexto del infarto agudo de miocardio (IAM), esta condición adquiere especial relevancia debido a la elevada prevalencia de comorbilidades y a la complejidad en la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, las herramientas tradicionales para valorar la fragilidad presentan limitaciones en su aplicabilidad y precisión. Ante este desafío, la presente tesis se propuso desarrollar y validar modelos predictivos de fragilidad basados en biomarcadores medibles mediante una simple extracción sanguínea. Para ello, se diseñó un estudio prospectivo en una cohorte de pacientes mayores de 65 años supervivientes a un IAM, analizando 21 parámetros bioquímicos y su relación con un Fenotipo de Fried mayor o igual a 3, así como con mortalidad y eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE) a dos años.
A través de enfoques estadísticos bayesianos y frecuentistas, se seleccionaron biomarcadores con capacidad predictiva significativa. Entre ellos, la hemoglobina y el NT-proBNP destacaron por su utilidad en la estratificación del riesgo, tanto de fragilidad como para MACE y mortalidad. Los modelos construidos demostraron una buena capacidad discriminativa, especialmente en el caso del modelo combinado para MACE y mortalidad. Estos hallazgos ponen de manifiesto la utilidad clínica de los biomarcadores como herramientas de apoyo en la toma de decisiones, ofreciendo una alternativa objetiva, reproducible y de fácil implementación para la evaluación del estado funcional del paciente mayor tras un IAM.
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