La dismorfia corporal (DC), también conocida como vigorexia o anorexia inversa, es un trastorno que se manifiesta en una percepción distorsionada y persistentemente negativa del cuerpo. Las personas afectadas se perciben débiles o insuficientemente musculosas pese a la evidencia contraria, lo que impulsa conductas obsesivas: entrenamiento compulsivo, dietas rígidas y uso de suplementación. El impacto es mayor en la adolescencia y juventud, etapas marcadas por la construcción de la identidad, la búsqueda de la aceptación social y los ideales mediáticos. La escuela y la Educación Física (EF) son claves para la prevención mediante la práctica corporal, la educación para la salud y la reflexión crítica sobre la corporeidad. Esta investigación analiza cómo jóvenes españoles en riesgo de DC viven la actividad física y qué factores sociales y emocionales sostienen la aspiración a un cuerpo hipertrofiado; examina la influencia de la familia, redes, presión estética y vivencias escolares en ese ideal, y explora la perspectiva del profesorado de EF y el potencial del currículo para su prevención. La investigación, de carácter cualitativo, se basó en entrevistas semiestructuradas y relatos de vida con jóvenes, y en entrevistas en profundidad y la técnica del Foto-voz con profesorado de EF. Participaron 15 personas: 11 jóvenes (3 mujeres, 8 hombres) y 4 docentes (2 de ellas mujeres). Este enfoque permitió explorar experiencias y percepciones en torno al cuerpo, la salud y la enseñanza. Se utilizó un análisis temático del contenido. Los resultados sitúan el ideal muscular en el centro de la vida juvenil: el gimnasio se ritualiza, la dieta se vuelve restrictiva y las redes sociales promueven autoevaluación constante. Emergen emociones ambivalentes (orgullo y, a la vez, frustración, ansiedad y sentimiento de insuficiencia corporal), con aislamiento y abandono de otras actividades. En la escuela, las metodologías tradicionales y competitivas invisibilizan la diversidad corporal y pueden derivar en exclusión o acoso, mientras que cuando el profesorado diversifica contenidos y crea climas inclusivos aparecen experiencias positivas. Los y las docentes reconocen la presión estética y conductas de riesgo, pero muestran inseguridad ante la rigidez curricular, la falta de recursos y formación, aun así, destacan el potencial de la EF orientada a la corporeidad, la educación emocional y la alfabetización mediática. En la discusión, se argumenta que la cultura del fitness y las redes sociales consolidan un estilo de vida vigoréxico que confunde salud con apariencia y refuerza estereotipos. La EF es un espacio ambivalente: puede reproducir estas dinámicas o actuar preventivamente si adopta un enfoque crítico, reflexivo y participativo. En conclusión, esta investigación plantea transformar la EF en un espacio inclusivo, seguro y crítico con los cánones corporales. Se propone superar el enfoque centrado en el rendimiento, adoptar metodologías vivenciales y cooperativas, promover el respeto y la autoaceptación, reforzar la formación docente en imagen corporal y bienestar, y establecer redes de colaboración con familias y profesionales. Además, se requiere el respaldo institucional en políticas que aplican estos principios en su currículo y práctica, alineadas con la LOMLOE.
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