En el año 444 a.C. se crearon en Roma unos nuevos magistrados, que se incorporaron a la estructura política de la constitución republicana: los tribuni militum consulari potestate. Esta magistratura, nacida para un sector doctrinal como consecuencia de las reivindicaciones plebeyas y para otro debido a necesidades administrativas y militares, se encontraría en la cúspide del sistema magistratual romano durante los años en que el Senado optase por ella y no por el consulado. La heterogénea terminología empleada en las fuentes latinas para referirse a estos tribunos puede apoyar tanto ese carácter militar, dada la existencia en el ejército romano de unos tribuni militum, como su origen de índole socio-política, debido a la conexión entre este cargo castrense y el nacimiento del tribunado de la plebe -pudiendo constituir la inclusión del término “consulari” en el título de los nuevos magistrados una exigencia plebeya para facilitar su futuro acceso al consulado-. Su número se iría incrementando progresivamente, empezando por tres miembros en cada colegio tribunicio y aumentando después a cuatro y finalmente a seis, bien por las crecientes exigencias militares de Roma, bien por la utilización de las mismas por parte de la plebe para acrecentar sus opciones de acceder al cargo. Tras su elección en los comitia centuriata, ostentarían el imperium durante un mandato de un año, desempeñando amplias funciones militares, civiles y religiosas que se repartían ordinariamente por sortitio o comparatio. A diferencia de lo que ocurría con el consulado, la nueva magistratura era accesible para la plebe, lo que terminaría por allanar su camino hacia aquél. Finalmente, con la aprobación de las leges Liciniae-Sextiae en el año 367 a.C., ese acceso plebeyo al consulado provocaría la desaparición del tribunado consular, aunque antes del consulado sine collega de Pompeyo pudo tener lugar un infructuoso conato de reinstauración
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