El nacimiento de un hijo prematuro supone un cambio en la dinámica familiar precipitado y difícil, en el que los padres ven alterado su rol, ya que su hijo ingresa en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCIN) donde los cuidados que ellos pueden proporcionar son limitados y la evolución incierta. El elevado estrés sufrido modifica la relación con su hijo, alterando su desarrollo vital y emocional posterior. Apoyo social y capacidad de resiliencia en los padres actúan como protectores y, como factores de riesgo, al hecho de tener un recién nacido prematuro (RNP). se añade la presencia de un deterioro en la salud mental de los progenitores, el nivel educativo y socioeconómico y el soporte socio-familiar. Este último es el único modificable jugando un papel esencial en los protocolos sanitarios.
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