En la última década, Chile ha experimentado un crecimiento sostenido de los asentamientos autoproducidos, comúnmente denominados "campamentos", especialmente en el Gran Valparaíso, donde se concentran 203 asentamientos y 18.004 familias (Techo-Chile, 2023). Para abordarlos, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) implementa desde 2011 el Programa de Asentamientos Precarios (PAP) mediante dos estrategias de intervención: la radicación, que permite la permanencia de las familias en el asentamiento, y la relocalización, que implica su traslado a otros sectores y comunas. Las comunidades de los campamentos, por su parte, han desarrollado prácticas de autoproducción del hábitat como forma de resistencia frente a la exclusión. En respuesta a la segregación socioespacial y las desigualdades urbanas, la institucionalidad incorporó el objetivo de Integración Social y Urbana (ISU) en la Nueva Política Habitacional de 2006, la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 2014 y, más recientemente, en la Ley 21.450 de Integración Social en la Planificación Urbana de 2022. Sin embargo, no existen evidencias claras sobre sus resultados empíricos. A partir de lo anterior, esta investigación tiene como objetivo analizar en qué medida las políticas y prácticas llevadas a cabo por las instituciones públicas y las comunidades han contribuido a promover la ISU en los asentamientos autoproducidos del Gran Valparaíso entre 2011 y 2022. Mediante el método de estudio de casos y un proceso ascendente de recolección de información, se analizan, desde las perspectivas de los habitantes e instituciones, las dimensiones sociocultural, política, económica y espacial de la ISU, recogidas desde el marco teórico. Los resultados muestran que, durante la última década, el PAP ha priorizado la relocalización, la cual, aunque ha mejorado las condiciones de habitabilidad en la vivienda, ha generado fragmentación social, con sentimientos de aislamiento, desposesión y abandono. Además, ha negado la participación democrática de las familias en las decisiones sobre su localización y hábitat, debilitado los vínculos con el mercado laboral y las actividades productivas, y reproducido la inequidad en el acceso a equipamientos y servicios públicos esenciales. Uno de los principales hallazgos de esta investigación es que la ISU, desde la perspectiva institucional, es abordada como un anhelo neoliberal centrado en soluciones tecnocráticas, sin atender las causas estructurales de la exclusión y la desigualdad. En cambio, los procesos de autoproducción del hábitat liderados por las comunidades han demostrado ser más efectivos para satisfacer de manera más integral los derechos a la vivienda y la ciudad, a pesar de las precariedades y riesgos asociados. Ante esta situación, la investigación propone abordar la ISU como un proceso complejo, sistémico y multidimensional. Esto implica fortalecer la interacción entre diferentes grupos sociales, valorando la diversidad; promover la equidad en la redistribución de recursos mediante el acceso a oportunidades económicas; fomentar la representación y participación democrática en la toma de decisiones urbanas; y garantizar el acceso equitativo a los espacios urbanos, conectando a las personas con los recursos, servicios y oportunidades que ofrece la ciudad.
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