Esta tesis doctoral estudia la relación entre el valor ético de lo bueno y el valor estético de la belleza, denominada confluencia est-ética, en dos pensadores clave: David Hume y Michel Foucault. Mientras que en Hume esta confluencia se da a través del sujeto epistemológico moderno, en Foucault ocurre en la existencia. El objetivo final es responder a la pregunta sobre la relación entre ambos valores de forma ontológica. En Hume, lo bello y lo bueno se experimentan en el sujeto a través de las pasiones, sin la rigidez representativa de las impresiones sensoriales. No son propiedades de objetos o conductas, sino afectos que emergen en la existencia humana. La belleza, para Hume, no existe como propiedad objetiva, sino que insiste y subsiste en la realidad como acontecimiento. Su filosofía moral está fundada sobre el tiempo más que sobre el espacio. Así, el bien en Hume se concibe como la irrupción de un mundo mejor, una promesa utópica. En cuanto a las intersecciones entre lo bello y lo bueno, se argumenta que los acontecimientos espaciales que fundamentan la experiencia estética pueden generar una conmoción temporal que abre la pregunta sobre futuros posibles. En Foucault, la estética se vincula con la relación del sujeto consigo mismo y el cuidado de sí. Esta autoconstrucción puede orientarse por valores estéticos en lugar de morales, como ocurrió con la moral cristiana. Sin embargo, su estudio revela un amoralismo y un reduccionismo estético. Para superar esta limitación, se analiza el dandismo como una posible vía para integrar una confluencia est-ética en su pensamiento. A partir de esta exploración, se desarrolla el concepto de ética modal, una aproximación tentativa a la articulación entre lo bello y lo bueno en el ámbito de la existencia. Las conclusiones sostienen que, así como en Foucault se puede construir una ética modal, en Hume es posible una estética modal. Esto implica una concepción de la realidad en la que lo bueno es una modalidad posible de lo bello. Esta idea se basa en el concepto humeano de moral beauty, donde lo moral es un epíteto restrictivo de un dominio más amplio: la belleza. En ambos casos, un valor se expresa en el otro dentro de un reino distinto: la belleza puede ser una posibilidad corporal del bien (ética modal) y lo bueno puede entenderse como la realización humana de la belleza (estética modal). Otro punto de convergencia entre Hume y Foucault es el concepto de simpatía. Se argumenta que lo bello es una presentización de lo bueno. En Foucault, la vida bella es aquella que se autoconstruye, rechaza la subjetivación impuesta y desafía las dinámicas de poder para realizarse plenamente. La belleza, en este sentido, anticipa un reino de libertad aún no alcanzado. En Hume, el bien es una irrupción del futuro y la belleza es la sacudida espacial que lo posibilita. Así, la belleza se presenta como una promesa y una escenificación de lo posible, mientras que lo posible es el ámbito donde opera la moralidad. En síntesis, esta tesis propone que la confluencia est-ética permite pensar lo bello y lo bueno como dimensiones interrelacionadas de la experiencia humana. Hume y Foucault, pese a sus diferencias, ofrecen claves complementarias para entender esta relación: mientras que en Hume el bien es una utopía por venir y la belleza un acontecimiento que sacude al sujeto, en Foucault la belleza es el preámbulo de una libertad aún no realizada. Ambas perspectivas sugieren que la estética y la ética no son esferas separadas, sino modos de experimentación del mundo que pueden articularse de manera productiva en el pensamiento filosófico
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