Durante la primera década de existencia de la República de Venezuela la memoria del "Padre de la Patria" experimenta un intenso y discordante proceso de reelaboraciones y definiciones de la mano de las contradicciones políticas y sociales. Los recuerdos y el legado del Libertador, sin duda una ineludible, poderosa y persistente presencia, se colocan al centro implícito o explícito del debate nacional. Entre 1830 y 1840, con raras y a veces relevantes excepciones, el símbolo histórico Bolívar, fundador primordial, va a ir progresivamente desapareciendo de los discursos y las acciones oficiales, al tiempo que desaparecen también los que tienen el recuerdo directo: mueren los de su generación y los de generaciones posteriores que lo conocieron. De esta suerte ocurre una suerte de "parricidio" político en sus inicios y luego también histórico y simbólico que se va a prolongar hasta el momento en que se produce, por acuerdo oficial, la repatriación de sus restos mortales en 1842 y posteriormente la oficialización y formalización de la celebración de su natalicio a partir de 1849. Se inicia de esta manera una etapa distinta de las relaciones entre las clases dominantes y la memoria de Simón Bolívar. Es importante señalar que este "parricidio" se construye desde el recuerdo de los que lo conocieron y la mitificación desde la memoria inventada por los que ya no tienen recuerdos propios.
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