Pedro González de Mendoza, cardenal y arzobispo primado, fue un personaje de gran influencia durante el reinado de los Reyes Católicos. El objetivo de esta tesis es el estudio de sus inquietudes artísticas y de las intervenciones que orquestó en el espacio más privilegiado de la catedral de Toledo durante su arzobispado (1482-1495), bajo una estrategia política y religiosa para la perpetuación de su fama y memoria post-mortem.
Para alcanzar este objetivo se parte de dos vías: una más personal y biográfica y otra centrada en el estudio, los nexos y la contextualización de las intervenciones del prelado. En la primera se establece una aproximación a su patrimonio personal y a las rentas percibidas por sus cargos eclesiásticos y políticos que le permitieron acometer las promociones artísticas caracterizadas por el lujo y la magnificencia. De manera novel, a partir de diversos retratos del cardenal, se establece una biografía reveladora de su tránsito vital.
La segunda se focaliza en sus actuaciones acometidas y emprendidas en diversos espacios catedralicios. Previamente al análisis de todas ellas, se analiza su ideario intelectual basado en su vinculación con san Ildefonso de Toledo y el arzobispo Jiménez de Rada, dos personalidades emblemáticas en la sede primada, que permiten unir tiempos anacronistas y establecer nexos con Jerusalén y Roma, ciudades claves de la cristiandad. Este planteamiento ideológico pivota en torno a la devoción a la Santa Cruz, nexo que vincula todas las intervenciones y determina la estructura circular de la tesis. Posteriormente bajo una contextualización histórica, social y política, se presenta un enfoque holístico y novedoso de dichas actuaciones artísticas, definiendo los códigos visuales desplegados, ideados e utilizados por el prelado y, ligando discursivamente el patrocino que realizó en elementos de distinta naturaleza y materialidad a las ceremonias y ritos litúrgicos considerando, por tanto, lo perenne con lo efímero.
Las primeras actuaciones analizadas se ubican en el espacio coral, estimando cómo era su estructura y composición, los ritos y funciones realizadas en su interior, el público al que se destinaba, etc., con un análisis posterior de la sillería baja desvelando los códigos visuales ideados por el prelado y su significado. Se examinan los nexos establecidos con la iconografía de las iluminaciones de los cantorales de "las Águilas", libros con función litúrgica que participaban en escenografía efímeras realizadas en su interior, y que respondían a su ideario.
En el espacio funerario elegido por el cardenal se analizan las razones que motivaron la ubicación de su monumento funerario y altar, y los objetivos que quería cumplir. Se examina las otras intervenciones de Mendoza en la cabecera como el sagrario o los paños del trasaltar, los códigos visuales, y la observación de la interacción que tendrían con el monumento funerario desde el punto de vista material, litúrgico y espiritual. Asimismo, se considera el rédito espiritual que pretendía obtener con las ceremonias litúrgicas (procesiones y ritos diarios) que transitaban por estos ámbitos y que establecían conexiones con el coro, así como los estipulados para su memoria post-mortem. Se incluye el análisis de su preparación ante la muerte y su inquietudes vitales.
Se finaliza con el análisis de las vidrieras que crean un hilo conductor al planteamiento holístico considerando los contenidos específicos y el amplio de la catedral, donde Mendoza tenía un proyecto de poder y memorístico con el empleo de unos códigos visuales definidores de "su espacio", que había que interpretar y realizar una lectura conjunta.
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