La nanoóptica es un campo de investigación que estudia las interacciones luz-materia a escala nanométrica. Uno de sus objetivos clave es, por tanto, comprimir la luz en volúmenes mucho más pequeños de los que ocupa en el espacio libre, lo que se logra reduciendo considerablemente su longitud de onda. En el espectro visible, esto puede conseguirse utilizando materiales con un índice de refracción alto, ya que la velocidad de grupo puede ser sustancialmente menor que la velocidad de la luz en el vacío y, por consiguiente, su longitud de onda puede reducirse. Sin embargo, en el rango espectral del infrarrojo (IR), donde las longitudes de onda son del orden de varias micras, comprimir la luz hasta la nanoescala puede ser una tarea mucho más complicada. Una solución efectiva que se ha estudiado en las últimas décadas es la conversión de la luz en polaritones superficiales (luz acoplada a excitaciones dipolares en la materia). Estas ondas electromagnéticas superficiales exhiben un fuerte confinamiento espacial debido a su decaimiento evanescente, así como longitudes de onda que pueden ser mucho más cortas que la longitud de onda de la luz en el espacio libre.
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