La noradrenalina (NA), también conocida como Norepinefrina (NE), es uno de los principales neurotransmisores del Sistema Nervioso Simpático (SNS). Junto a dopamina y adrenalina, constituye la familia de las catecolaminas, las cuales pueden generarse en las glándulas suprarrenales, ejerciendo una función hormonal, o en las terminaciones nerviosas, actuando entonces como neurotransmisores (Herrmann et al. 2004).
Actualmente se sabe que el Sistema Noradrenérgico juega un papel importante en muchas funciones cognitivas, afectivas o de comportamiento (Tellioglu and Roberston, 2001; Herrmann et al. 2004; Benarroch, 2009) y contribuye al aprendizaje y a la consolidación de la memoria (Gibbs and Summers, 2002). De hecho, la NA parece ser un factor clave en la plasticidad neuronal durante el desarrollo cerebral, así como durante la recuperación del SNC tras una lesión, actuando de forma directa o indirecta en la plasticidad cortical mediante diferentes mecanismos.
También ha demostrado tener efectos antiinflamatorios y neuroprotectores (Feinstein et al.
2002b; Mori et al. 2002; Troadec et al. 2002; Traver et al. 2005; Madrigal et al. 2007; Madrigal et al. 2009). Por ello, la NA se considera un agente neuroprotector que disminuye la respuesta inflamatoria en el Sistema Nervioso Central (SNC) ante diversas patologías o lesiones. De acuerdo con esto hay diferentes estudios que demuestran que esta catecolamina protege a las neuronas frente al péptido ß-amiloide (ßA) (Madrigal et al. 2007), excitotoxicidad (Madrigal et al. 2009), estrés metabólico (Madrigal et al. 2009) o estrés oxidativo (Troadec et al. 2002; Traver et al.
2005). Además, se le ha atribuido a la NA un papel neuroprotector frente a la encefalomielitis alérgica experimental (EAE), modelo experimental de esclerosis múltiple (Polak et al. 2011), así como en la enfermedad de Alzheimer (EA) (Counts and Mufson, 2010). Esto está de acuerdo con las alteraciones del sistema noradrenérgico observadas en enfermedades neurodegenerativas que cursan con demencia y daño cognitivo tales como esta última o la enfermedad de Parkinson (EP), por lo que el restablecimiento de su normal funcionamiento podría contribuir a la mejora de las mismas (Heneka et al. 2010).
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