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Plazas de toros en la provincia de Córdoba

  • Autores: Carlos Pérez Algaba
  • Directores de la Tesis: María Ángeles Jordano Barbudo (dir. tes.), Aniceto Méndez Sánchez (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de Córdoba (ESP) ( España ) en 2025
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Fernardo Moreno Cuadro (presid.), Manuel Pizarro Díaz (secret.), Inmaculada Arias de Saavedra Alías (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Patrimonio por la Universidad de Córdoba; la Universidad de Extremadura; la Universidad de Huelva y la Universidad de Jaén
  • Materias:
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: Helvia
  • Resumen
    • Si hoy en día la cultura hispana cuenta con todo un sinfín de complejos arquitectónicos dedicados a la lidia, se debe a que nuestro ecosistema cuenta con un animal único en el mundo, el toro bravo. Como otras especies, su existencia es el reflejo de un largo camino cuyo punto de partida está en las castas fundacionales y el estamento nobiliario como conductor de esta empresa; un proyecto que comenzó gracias al desarrollo del fenómeno taurino.

      A pesar de las muchas explicaciones que se han intentado dar en torno a la devoción popular por los festejos de toros, fue la dinastía de los Austrias y su política interior con respecto a la administración de los realengos y la creación de puestos de notoria importancia recayentes en el estamento nobiliario, la responsable de ello. La fiesta y, más concretamente, las corridas de toros se establecen como expresión del poder real. Estas se llevarán a cabo para honrar a monarcas y personalidades de notable poder. Con la nueva dinastía Borbónica y el proceso ilustrado de principios del siglo XVIII, la tauromaquia experimenta un proceso de profesionalización y definición como respuesta a las ofensivas catalogadas de prohibicionistas, que venían a regular el libre albedrío y festejos improvisados que se desarrollaban en torno al toro con la población como protagonista en las calles de diferentes ciudades del reino.

      Una vez se erige la primera plaza de toros que cuenta con estas características, la Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá (1749-1874) en Madrid, son las corporaciones maestrantes las que construyen sus propios cosos con el fin de autofinanciarse. Modelo de gestión que servirá como referente para órdenes religiosas y ayuntamientos, los cuales también se servirán de las corridas de toros para conseguir fondos, lo que se vio reflejado en la provincia mediante una sucesión de plazas desmontables que se edificaron, primeramente, en el Campo de la Merced de la capital cordobesa durante finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, seguidas de las que les sucedieron repartidas por la provincia.

      La ingente cantidad de capital necesario para que las plazas fueran construidas hizo necesaria la creación de sociedades encargadas de su gestión y construcción, lo que dio lugar a un auge arquitectónico por el que, solo en España, se pasaría a contar con más de 100 plazas de toros a principios del siglo XX. Así, este fenómeno se refleja en Córdoba capital con la construcción del coso de los Tejares, y en la provincia con la Plaza de Toros de Cabra y otras tantas. Finalmente, el peso que va a tener la figura del matador, no solo en la lidia y en los aspectos que la regulan, sino en la sociedad española en general, llevará a la arquitectura taurina a su etapa de mayor apogeo con la creación de la plaza monumental. Si bien en Córdoba se reflejó de forma tardía con la edificación del Coso de los Califas, muchos de sus municipios adoptaron un modelo arquitectónico de menores dimensiones con el fin de albergar estos festejos, pero también otros espectáculos y un sinfín de actividades culturales.


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