A principios del siglo XX las estructuras de hormigón armado irrumpieron con fuerza en la arquitectura.Primero ocultas, pero pronto orgullosas. Los grandes arquitectos del momento encumbraron losesqueletos del nuevo material a elemento catalizador de la nueva arquitectura racionalista. Entre losprofesionales que se interesaron por esta nueva corriente, no basada tanto en cuestiones de estilo como deconcepto, destaca en el panorama guipuzcoano la figura de Luis Tolosa (1903-1956).Luis Tolosa se incorporó a la actividad constructiva a finales de los años 20. Desde sus iniciosprofesionales demostró una gran valía para obtener composiciones armónicas y gusto por esa nuevaarquitectura. Pero su formación apenas era entonces la de un delineante y, por ello, no conseguía para susprimeras obras que la técnica tuviese el protagonismo que requería una verdadera arquitecturaracionalista. Aunque nunca tuvo la oportunidad de estudiar la carrera de Arquitectura, aprendió aenriquecer su propuesta arquitectónica trabajando en la oficina técnica del Puerto de Pasajes desde 1927.Gracias a las experiencias allí vividas, logró asimilar la conciliación de la forma con los nuevosmateriales. El objetivo de este análisis es comprender cómo se desarrolló este proceso de aprendizaje, asícomo analizar el maravilloso abanico de criterios compositivos racionalistas que concibió desde entoncesa partir de las estructuras reticulares de hormigón. La forma de trabajo detrás de estos criterios caracterizasu personal manera de diseñar arquitectura y responde a la espléndida obra que se le atribuye.
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