Hacia la última década del siglo XVII, el Cabildo Catedral de Valladolid de Michoacán vivía un período de bonanza en el aspecto económico y en cuanto a su integración social. Todas las prebendas de que se componía el senado episcopal estaban regularmente ocupadas y se tenían las mayores recaudaciones de diezmos, lo cual se reflejaba en importantes ingresos económicos por parte de los capitulares y en el mejor funcionamiento litúrgico y de las oficinas, tribunales y demás dependencias catedralicias.
En los años del antedicho auge, la integración social del cabildo catedral guardó el equilibrio entre el número de europeos y el de los originarios del continente americano. Hay que considerar, además, el elevado número de los nacidos en el obispado de Michoacán que formaban parte del senado episcopal.
La bonanza económica posibilitó una amplia integración de la mayoría de los prebendados en la vida de la capital episcopal, principalmente. Varios de ellos estuvieron constituidos en propietarios de grandes fincas urbanas y de interesantes bibliotecas, estableciendo diferentes tipos de vincules con personas de la ciudad.
Sin embargo, coincidiendo con aquélla época de auge, la Corona española comenzó un nuevo ciclo de dificultades económicas provocadas por las guerras imperiales, lo cual la llevó a imponer una mayor vigilancia hacia las cargas fiscales con las que teman que ver las Iglesias americanas, a imponer otras nuevas y a limitar los nombramientos de prebendados de la catedral, lo cual dio inicio a una larga crisis económica y de integración social del capitulo diocesano.
No obstante, es indudable que el inicio de la guerra insurgente marcó el quiebre definitivo de aquélla época de auge y provocó la bancarrota económica y profundizó la crisis de la corporación, una condición que se vio agravada por la velada oposición de un grupo al interior del cabildo catedral a algunas disposiciones del obispo electo Manuel Abad y Queipo.
La declaración de independencia de México no cambió la inercia de los primeros gobiernos civiles de apoyarse frecuentemente en donativos y préstamos de la Iglesia de Michoacán, a la vez que dejó sin resolver el tema del patronato real, lo cual marcó la etapa de mayores complicaciones en el ámbito económico y litúrgico para el cabildo catedral en sede vacante.
El cierre de todo aquel proceso se dio en 1831 y en 1833, al llevarse a cabo finalmente algunos nombramientos de prebendados y del nuevo obispo, y decretarse la insustancialidad del pago de los diezmos.
Nearly the end of the Eighteenth Century, the Cathedral Chapter lived a wealthy life, socially and economically speaking in Valladolid, Michoacán. All the positions in the Episcopal Senate were occupied and the income they received represented a large sum of money. This way, offices, tribunals and departments worked well.
This wealth made integration happened due to the fact that there was a balance in the number of European and original native people. Besides, the Episcopal Senate was integrated by a large number of American born people.
All the people who benefited from the Church incomes were likely to be integrated.
Several of them possessed big urban properties and interesting libraries and they established some links with people from the city.
However, at the same time, the Spanish Crown suffered a new cycle of economic difficulties because of the Imperial wars. This was the reason why the Crown began to watch and pay attention to the fiscal money American Churches received. This led to impose new taxation and to limit positions in the Episcopal Senate of the Cathedral. The consequence was both an economical crisis and a social integration crisis of the Episcopal Senate.
Nevertheless it is unquestionably that the beginning of the Independence War stretched the prosperity to the bankrupt and at breaking point. A situation worsened by the opposition of a group of people in the Senate of the cathedral and because of some disposition made by the new elected bishop Manuel Abad y Queipo.
The Declaration of independence did not change the inertia with which the new civil governments provided themselves with money from the Church, which left the topic of the Royal Charity unsolved. This was the time with the most complicated liturgical and economical situation for the Episcopal Senate with a vacant.
The end of all the process happened between 1831 and 1833 when a new bishop and some new senators were appointed and the insubstantiality of the payment of fees was decreted.
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