La filosofía moral kantiana se ha asociado usualmente al rigorismo moral. Según esta posición, los deberes morales deben ser cumplidos incondicionalmente. Por ejemplo, afirma Kant, debemos cumplir el deber moral de la veracidad incluso ante un asesino que nos pregunte por el paradero de alguien que se refugia en nuestra casa. El objetivo de esta investigación es realizar una crítica al rigorismo moral kantiano. Para ello he dividido el texto en tres partes. En la primera parte presento las posición de Kant sobre la mentira (capítulo 1) y tras analizar el procedimiento del imperativo categórico explico en qué sentido este autor está comprometido con el rigorismo moral (capítulo 2). En la segunda parte, muestro que el rigorismo moral está fundamentado en el modelo de la agencia del yo dividido. Según este modelo, la agencia es un ejercicio de control por parte de un yo racional que debe controlar o someter a la parte pasiva no racional (capítulo 3). Siguiendo el trabajo de Bernard Williams, muestro que este modelo agencial conduce al problema de la integridad personal, pues en ocasiones la moralidad nos exige actuar en contra de nuestro carácter y de aquello que configura nuestra integridad (capítulo 4). En la tercera parte, examino la respuesta de Christine Korsgaard al problema de la integridad. Esta autora rechaza la concepción del yo dividido, y en cambio propone el modelo constitucional. Según este modelo, ser agente solo es posible cuando este está constituido como un todo integrado, y solo es posible estar integrado si existe un compromiso con la moralidad. De esta manera, ella puede articular una respuesta al problema de la integridad sin abandonar lo que denomino “la tesis de la prioridad normativa de la moralidad” (capítulo 5). En contra de esta posición, y siguiendo a Josep Corbí, articulo una crítica al modelo constitucional mostrando que este todavía está comprometido con la concepción del yo dividido (capítulo 6.1). Corbí también realiza una crítica a la tesis de la prioridad normativa de la moralidad (6.2 y 6.3). Al final concluyo que la filosofía moral kantiana, ya sea en su versión clásica o en la versión contemporánea de Korsgaard, no puede responder al problema de la integridad personal, en la medida en que desestima injustificadamente el valor normativo de fenómenos prácticos no morales.
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