Introducción La prematuridad es una de las causas crecientes de morbilidad en la infancia. Los avances en la atención neonatal de los últimos años han conseguido disminuir las cifras de mortalidad de los recién nacidos pretérmino de muy bajo peso al nacimiento (RNMBP), especialmente de los más inmaduros. En la actualidad, los esfuerzos se centran en conseguir un adecuado crecimiento y neurodesarrollo de estos niños y disminuir sus potenciales complicaciones y secuelas a largo plazo. El adecuado soporte nutricional es fundamental en el manejo de estos pacientes. La nutrición enteral ha ido ganando importancia frente a la nutrición parenteral por su papel clave para el desarrollo intestinal y su posible impacto en el desarrollo de enfermedades graves como la enterocolitis necrotizante o la infección invasiva. La estrategia nutricional enteral temprana podría disminuir las complicaciones infecciosas e inflamatorias de los RNMBP mejorando su morbimortalidad, su crecimiento posnatal y su neurodesarrollo. Justificación Desde septiembre de 2015 el Servicio de Neonatología del Hospital Clínico San Carlos comenzó a disponer de leche humana donada pasteurizada (LHP) como alternativa a la alimentación enteral con leche de la propia madre (LM). Esto facilitó la instauración de un protocolo de inicio más temprano de la nutrición enteral en los RNMBP usando leche humana, bien LM o LHP. El objetivo de este estudio fue analizar las consecuencias nutricionales, de crecimiento, morbilidad y neurodesarrollo a largo plazo que supuso el inicio de la nutrición enteral en las primeras 24 horas postnatales en los RNMBP. Resultados Se analizó un periodo de 5 años que comprendía los años previos a la introducción de la LHP, de enero 2013 hasta agosto 2015 inclusive, y los posteriores desde septiembre 2015 hasta diciembre 2017. Participaron en el estudio un total de 234 niños menores de 1500 g de peso al nacimiento. El 48 % de los niños eran menores de 1000 g de peso. Sólo 18 RMNBP comenzaron su alimentación con fórmulas infantiles por lo que sus resultados se analizaron por separado. El resto de los niños comenzaron su nutrición enteral con leche humana, 93 lo hicieron en las primeras 24 horas postnatales (grupo 1) y 123 lo hicieron pasadas las 24 horas de vida (grupo 2). Los dos grupos progresaron después diariamente la alimentación con volúmenes de 20 ml/kg/día. Los niños del grupo 1 consiguieron alcanzar la nutrición enteral completa antes, disminuyendo los días de uso de nutrición parenteral y de catéteres centrales. La incidencia de episodios de sepsis tardía fue mayor en el grupo 2. Por cada hora de demora en el inicio de la nutrición enteral aumentó un 1% el riesgo de sepsis. No se observaron diferencias en la incidencia de enterocolitis necrotizante ni otras patologías entre ambos grupos. El crecimiento en ambos grupos fue similar a las 4 semanas de vida y a las 36 semanas de EPM. Los resultados en las pruebas de neurodesarrollo realizadas tampoco mostraron diferencias entre ambos grupos. En conclusión, se observó que el inicio de la nutrición enteral en las primeras 24 horas de vida y su progresión diaria en todos los recién nacidos de muy bajo peso, incluidos menores de 1000 gramos, permitió la consecución más temprana de la nutrición enteral completa y redujo la necesidad de uso de nutrición parenteral y catéteres centrales de forma segura, sin aumentar su morbimortalidad. Esta estrategia nutricional disminuyó la incidencia de episodios de sepsis en estos niños. El crecimiento postnatal y el neurodesarrollo de los RNMBP no se vieron afectados por el inicio precoz de la alimentación enteral
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