El Canal del Gran Priorato de San Juan desde su construcción hace más de 200 años, ha sido acompañado por un aura de misterio, alimentada por una particular concurrencia de personalidades, disputas y abandono; el solemne carácter de sus impulsores, el interminable conflicto por su control y un insólito deterioro resultan claves para comprender la relevancia histórica de esta obra de canalización ilustrada. Este trabajo se circunscribe al período de construcción del Canal del Gran Priorato de San Juan según el proyecto del arquitecto Juan de Villanueva, cuyas obras comenzaron el 14 de marzo de 1782 y se dilataron hasta el 3 de febrero de 1811, con el añadido de los años inmediatamente anteriores, que incluyen los prolegómenos de las obras, y del informe del ingeniero Eduardo Echegaray realizado un siglo después. Por tanto, en ningún momento se ha pretendido realizar una historia completa de la canalización hasta la actualidad puesto que, abandonadas las obras termina el proceso de investigación; ni tampoco de la antigua acequia, conocida como la Citara, antecedente al canal de Villanueva; ni de ninguna otra infraestructura hidráulica realizada en el cauce del río Alto Guadiana. La tesis doctoral se divide en cinco partes y un epílogo que siguen un orden cronológico: la primera, El Alto Guadiana y el Gran Priorato de San Juan, comienza abordando diversos aspectos multidisciplinares que nos acercan a las condiciones temporales y espaciales en las que se desarrollaron las obras del canal. A continuación, comienza el estudio histórico contextualizando la infraestructura manchega dentro de las obras hidráulicas de la Ilustración para, seguidamente, centrarnos en el marco geográfico del Gran Priorato de la Orden de San Juan de Jerusalén en los territorios de Castilla y León. La segunda parte, Primera fase de las obras del canal, se centra en el desarrollo de las obras desde su comienzo en marzo de 1782 hasta la primera suspensión ordenada por Carlos IV en el año 1790. A continuación, el Traslado de los molinos de pólvora de Cervera a las Lagunas de Ruidera, nos desplaza al antiguo heredamiento de la Orden de Santiago conocido como el Real Sitio de Ruidera. Hasta allí se mudaron los molinos de pólvora de la antigua fábrica de Cervera, propiedad de la Real Hacienda. La cuarta parte, titulada Segunda fase de las obras del canal, nos devuelve a las llanuras interminables del Campo de San Juan donde, después de diversos reconocimientos e informes realizados entre los años 1790 y 1791, motivados por las continuas inundaciones provocadas por las aguas del Alto Guadiana, el rey Carlos IV ordenó la reanudación de las obras en 1792. La quinta parte, Estado del Canal a finales del siglo XIX, nos hace avanzar un siglo en el tiempo y, de la mano de las descripciones de la canalización y su entorno contenidas en el informe de uno de los ingenieros más prestigiosos de su tiempo, Eduardo de Echegaray, analizamos el estado de la infraestructura a finales de una centuria tan convulsa como el siglo XIX español.
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