Esther Ortego (Madrid, 1934-2012) fue una excelente pintora y grabadora, que produjo durante las últimas décadas del Siglo XX una obra cargada de autenticidad y vigor, junto a una cualidad explícitamente femenina, que le hace acreedora del reconocimiento que no tuvo en vida, por tratarse de la obra de una mujer que nació y creó desde unos postulados que estaban fuera de los asimilables en su época. La calidad de su aportación artística merece un lugar destacado en el universo del Arte Contemporáneo español. Pintó obsesivamente al ser humano mujer para representar su mundo interior de emociones, pintó seres cautivos, alegres o rotos, tal como ella se veía a sí misma, quizás para retratarse en sus tribulaciones. Identidad y máscara son los conceptos que definen mejor la búsqueda de sus creaciones. Retratar el alma de la mujer sería el resumen de su empeño. A su muerte, nos ha dejado un gran corpus de obra plástica y literaria, objetos artísticos y recuerdos personales, que se han convertido en un descubrimiento, pues permiten rastrear su producción y conectarla con sus poemarios y sus escritos, abriendo la puerta a un proceso de recuperación que puede restituir a la sociedad unos activos artísticos que, de otra forma, se hubieran quedado hundidos en el océano de la indiferencia. El objetivo de esta tesis tiene un carácter líquido, no se puede definir como algo estático y acotado, sino que es un conglomerado de intenciones que se refuerzan unas en otras y juntas se cargan de sentido. Se ha rescatado una obra de más de 1200 cuadros al óleo, gran cantidad de grabados y miles de textos escritos por ella, en poemarios, Bocetos Literarios o Diarios y cartas personales. Todos estos activos artísticos estaban a punto de desaparecer bajo los escombros de su casa, que se vació al morir su hermana. Se ha elaborado el Catálogo razonado de sus pinturas al óleo, divididas en Colecciones, lo que ha permitido construir una narración que puede dar visibilidad a su obra y posicionarla dentro del lugar que merece entre los artistas españoles que estuvieron activos en la segunda mitad del Siglo XX. En el trabajo de visualización se han organizado exposiciones retrospectivas en Centros como el CC Galileo, el CC Padre Vallet de Pozuelo de Alarcón, o el Espacio privado Est_Art de Alcobendas. La obra de Esther Ortego está fuertemente imbricada en su vida. Ella convierte el cuerpo de la mujer -quizá su propio cuerpo autocensurado- en un paisaje de emociones. Pinta su mundo interior y sublima sus sentires en ideas fácilmente identificables con la corriente de pensamiento del Romanticismo. Esther pinta básicamente mujeres en sus distintas posiciones, emociones, estados. El cuerpo masculino aparece siempre en fusión, formando un bloque indisoluble con el femenino, a veces casi imperceptible. En esos bloques pétreos los dos seres se confunden para expresar su plenitud, la unión con el Otro y flotan en una atmósfera que, más que un paisaje se nos antoja una atmósfera sideral. Su propia condición de mujer fue un estímulo para su pintura, la maternidad, el amor romántico, la posibilidad de expresar su verdad, en definitiva, la búsqueda de su identidad. Ella intuía que había otra forma de ser mujer que no pasaba por los estereotipos de la sociedad de entonces, al igual que su pintura, fuera de cánones y de ismos. Restablecer los vínculos genealógicos es una estrategia que permitirá ir recuperando los legados de las mujeres, visibilizando sus aportes en todos los ámbitos, identificando la discriminación femenina en perspectiva histórica y poniendo los acentos en todas las manifestaciones de la cultura que han sucedido desde la mirada de las mujeres: Legados con perspectiva feminista. Es una labor necesaria para hacer posible que, a partir de trabajos sobre las mujeres en todos los ámbitos de la cultura, cambie el paradigma y pueda diluirse sucesivamente esta injusticia a medida que las leyes y el pensamiento vayan evolucionando.
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