El bosque y matorral mediterráneo o durisilva es un bioma árido de clima mediterráneo donde, entre otras especies, como el conejo silvestre (Orictolagus cuniculus) o el ciervo común (Cervus elaphus) encuentran su hábitat natural. También es el entorno adecuado para la garrapata Hyalomma lusitanicum, perfectamente adaptada a tórridos y secos veranos cuyos inmaduros se alimentan mayoritariamente en conejo y los adultos en ungulados. Esta especie de garrapata se ha descrito como vector potencial de agentes víricos y bacterianos, como Coxiella burnetii, agente de la Fiebre Q. En extensas zonas del país, como el área de estudio, conviven las cuatro especies en abundancia. Aunque durante mucho tiempo se consideró que sólo los ungulados (domésticos y silvestres) eran los reservorios de C. burnetii, recientes estudios implican a otras especies, entre ellas, a los conejos. Así, nos propusimos estudiar la epidemiología de la Fiebre Q en un ecosistema mesomediterráneo desde una perspectiva Una Salud, analizando el papel de los conejos silvestres y la garrapata H. lusitanicum en el mantenimiento del agente en entornos naturales.
Las labores de manejo de los conejos en la finca mediante captura tradicional, cumpliendo las normas de bienestar animal y liberación posterior permitieron la toma de muestras (sangre, hisopos, anales y vaginales y ectoparásitos) durante más de un año (13 meses) a dos poblaciones próximas, una zona en la que los conejos convivían con ciervos y otra en la que estos últimos habían sido excluidos. Se obtuvo información sobre la fisiología y estado sanitario de los conejos en la zona, si bien el estudio se centró en la relación entre el agente en los conejos (análisis de excreción y seroprevalencia); el agente e H. lusitanicum (prevalencia y competencia vectorial) y la garrapata y los conejos (dinámica de la infestación).
Los resultados indican que el estado sanitario era adecuado y la población de conejos estable y en equilibrio con el medio. A pesar de la abundancia de lepóridos se detectaron muy pocas manifestaciones clínicas de enfermedades víricas como la mixomatosis o la fiebre hemorrágica. Los resultados sobre la dinámica de la infección de los conejos por C. burnetii confirman el alto grado de contacto, con seroprevalencias muy elevadas (superiores al 50%) y prácticamente estables durante todo el año. Además, el virus es excretado tanto por vía anal como vaginal principalmente de enero a septiembre. No existen diferencias significativas entre la infección, el sexo o el grupo etario (teniendo en cuenta el bajísimo número de gazapos que se estudiaron). Los principales ectoparásitos identificados fueron garrapatas de la especie Rhipicephalus pusillus (todos los estadios) en la zona exclusiva de conejos, e Hyalomma lusitanicum (inmaduros) donde los conejos convivían con ciervos. Se detectó ADN de C. burnetii en todos los estadios de desarrollo y prevalencias que oscilaron entre el 16,7% en larvas y 81,25% en ninfas alimentadas. Se demuestró por primera vez la competencia vectorial de H. lusitanicum en la transmisión transestadica Ninfa-Adulto y se obtienen claras evidencias de la posible transmisión trasestádica Larva-Ninfa y transovárica de C. burnetii.
Los resultados del estudio permiten concluir que tanto el conejo silvestre como las garrapatas de la especie Hyalomma lusitanicum son reservorios de C. burnetii cuando conviven con ciervos y que la garrapata es un vector competente en el mantenimiento del agente en ecosistema mediterráneo. Confiamos que los resultados permitan completar el conocimiento de la epidemiología de esta enfermedad ajustándola a las especiales características de nuestro entorno.
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