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Mi empresa es mi cuerpo: El caso de los repartidores en la economía de plataformas

  • Autores: Felipe Díez Prat
  • Directores de la Tesis: Adela Franzé Mudanó (dir. tes.), Débora Ávila Cantos (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad Complutense de Madrid ( España ) en 2023
  • Idioma: español
  • Número de páginas: 455
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Débora Betrisey Nadali (presid.), Álvaro Briales Canseco (secret.), Ángeles Ramírez (voc.), Jorge Sequera (voc.), Álvaro Pazos (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Sociología y Antropología por la Universidad Complutense de Madrid
  • Calificación: Sobresaliente
  • Materias:
  • Enlaces
  • Dialnet Métricas: 2 Citas
  • Resumen
    • español

      Tras la Gran Recesión del 2008, y a raíz del conjunto de políticas austeras y recortes sociales que la siguieron, se creó el escenario para la explosión de las plataformas digitales de trabajo, empresas con sello tecnológico y transgresor que coordinan un mercado para poner en contacto a usuario y "colaborador", llevando la posibilidad de emprender hasta la palma de la mano. Su objetivo es anticiparse a los hechos para pasar de gastos fijos -trabajadores contratados- a gastos puntuales -tareas cumplidas-, proceso que ha sido posible de modo masivo gracias a la recolección y análisis de datos a través de algoritmos automatizados.

      En España, el caso más sonado es el de las gigantes plataformas de reparto: Deliveroo, Glovo y Uber Eats. Sin embargo, en el último tiempo hemos presenciado toda una batalla política, legislativa, judicial, sindical y empresarial a propósito de su actividad, que se ha extendido por más de cuatro años, acumuló más de 40 sentencias por utilizar falsos autónomos, generó una deuda millonaria a la Seguridad Social y derivó en que se hiciera necesario formular una regulación específica. A pesar de todo ello, el sector no dio nunca su brazo a torcer y articuló una campaña para transformar las normas y legitimar su fórmula ante la sociedad.

      El caso es que, en las distintas plataformas, la condición de autónomo de los repartidores se justificaría por el propio modelo, que aseguraría la flexibilidad de poder elegir cuándo, cómo y dónde trabajar. Aquí es donde aparece el mecanismo central de la organización del trabajo: los sistemas de reputación. En concreto, son una función de las aplicaciones que permite a usuarios y empresa evaluar el servicio de los colaboradores, generando una calificación que determina su posición frente a sus compañeros. En términos simples, esto significa que los repartidores compiten por las horas y la carga de trabajo.

      A pesar de ser un claro elemento de laboralidad, los algoritmos de los sistemas de reputación aún operan como cajas negras: nadie sabe exactamente bien cómo funcionan ni qué variables miden, ya que van siendo reprogramados arbitrariamente y son resguardados con celo.

      De esta manera, el resultado es un sistema flexible y opaco que puede ser ajustado según las necesidades de cada momento. Se trata de la constante producción de las condiciones adecuadas para que cada cual, en pleno ejercicio de su libertad, tome por sí solo las decisiones buscadas. Todo esto ha permitido poner en marcha un modelo radical, que se ha desplegado como herramienta de presión para pujar por una regulación ad-hoc y legitimar una nueva figura de trabajador, el Autónomo digital: un proyecto que en la práctica ha operado en la informalidad y que apunta a un tipo ideal: emprendedores sin capital, infraestructura ni proyecto propio, por lo que es precisamente ahí donde reside su fuerza disciplinaria.

      Esto explica la batalla judicial que las plataformas nunca dieron por perdida. De todos modos, y al parecer, tampoco pretendían ganarla. Todo indica que el objetivo fue transformarla en un proceso agotador para plagar los tribunales con juicios de repartidores que pusieran en discusión la figura del autónomo y la necesidad de renovar sus marcos.

      Así, cuando el gobierno anunció que regularía el sector, desataron una campaña para llevarlo a su favor, la que tuvo como punta de lanza a las asociaciones de repartidores pro-autónomos: organizaciones que respaldaron la figura del colaborador y ejercieron una nueva forma de representación entre los trabajadores, intentando deslegitimar la sindicalización y dando paso a una polarización total, que llegó a extremos sencillamente violentos.

    • English

      After the Great Recession of 2008, and as a consequence of austerity policies and subsequent social cuts, the context was set for digital work platforms to thrive, i.e., companies with a technological and transgressive stamp that coordinate the supply and demand of a given market sector to connect workers and consumers, bringing the possibility of entrepreneurship just a few clicks away. The aim of their activity is to anticipate events in order to move from fixed costs -contracted workers- to one off costs -accomplished tasks-, a process made possible on a massive scale due to systematic collection and analysis of data through automated algorithms, which has allowed them to create a hyper-flexible business structure. This is what has become known as the fourth industrial revolution, platform economy or sharing economy...


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