Investigaciones previas indican que la escasez de recursos afecta a los juicios, la toma de decisiones y la cognición de las personas. En esta tesis, nuestra hipótesis fue que la escasez económica puede influir específicamente en algunos sesgos cognitivos. En concreto, hipotetizamos que la escasez puede reducir la ilusión causal, un sesgo consistente en creer que un acontecimiento causa otro, cuando realmente no lo hace. Hicimos nueve experimentos, agrupados en tres series, en un contexto sanitario figurado: los participantes desempeñaron el papel de médicos que decidían si administrar o no un tratamiento que realmente era ineficaz, y manipulamos el presupuesto disponible para comprarlo. En todos los casos, los participantes con escasez redujeron su uso y en general, mostraron una menor ilusión causal que los que tenían abundancia. En la Serie Experimental 1 además encontramos que cuando el presupuesto cambió y pasó de escaso a abundante, los participantes siguieron mostrando una menor ilusión causal, mientras que cuando pasaron de la abundancia a la escasez no se vieron afectados por sus recursos previos. En la Serie Experimental 2, exploramos distintas formas de reducir la ilusión causal, principalmente en personas con abundancia. No lo conseguimos utilizando incentivos económicos, pero sí cuando pedíamos explícitamente a las personas que juzgasen la relación causal y les explicábamos cómo hacerlo. En la Serie Experimental 3 encontramos que clasificar a los pacientes en más o menos sensibles al tratamiento también podía modificar los juicios causales, especialmente cuando había escasez. Creemos que nuestros resultados tienen implicaciones prácticas relevantes, que discutimos a lo largo de la tesis.
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