La cinematografía rumana de principios del siglo XXI es extraordinariamente fértil, dotada de una gran fuerza creativa y libertad en su más amplio espectro. Tras la caída del régimen comunista en diciembre de 1989, Rumanía estrenó democracia, lo cual impulsó el desarrollo del séptimo arte. Durante los primeros años del nuevo milenio, una generación cinematográfica emergió desarrollando una factura y estilo propios en sus películas, marcados por lo que a mi entender se podría denominar realismo de lo cotidiano. Sus directores pronto fueron clasificados como parte de una Nueva Ola por destacados críticos y expertos de cine tanto rumanos como internacionales, utilizando el recurso estratégico y comercial similar al de la Nouvelle Vague francesa. En el caso rumano, la opinión de sus cineastas no se ajusta del todo a la idea de un manifiesto común, ya que destacan su individualidad creativa y personalidad propia. No revelan su pertenencia a un movimiento creado con un objetivo específico; rechazan la voluntad de estar supeditados a un nuevo dogma cinematográfico, tan aclamado por la crítica, a pesar de que compartían, en lo que a cinematografía se refiere, una predilección por una estética y contenidos realistas, así como en lo político, un pasado de antagonismo frente a la dictadura comunista, tanto de la etapa estalinista como del periodo de renovación de Ceau escu. Al contextualizar la obra en su pasado, se entiende mejor su presente. Por lo tanto, las primeras películas del NCR marcan una notable ruptura con respecto a la técnica y la forma narrativa de sus predecesores, relegando el uso excesivo de la alegoría tan característica de cineastas de prestigio como Lucian Pintilie, Alexandru Tatos o Mircea Daneliuc, aunque respetando su discurso disruptivo. La presencia de lo cotidiano como elemento identitario del Nuevo Cine Rumano se hace patente, especialmente, mediante la construcción de imágenes y un guion libre de censura. Por esta razón, he optado por un método de análisis como son los Atlas iconográficos transversales propuestos por Aby Warburg y Didi-Huberman o el modelo rizomático de Gilles Deleuze y Guattari. Los tableaux creados con relaciones entre imágenes como parte de la metodología elegida, que tanto recuerdan al montaje cinematográfico, han posibilitado identificar el "realismo de lo cotidiano" como sello de autenticidad del NCR. Por lo tanto, el núcleo principal de esta tesis se fundamenta en el estudio de sus referencias, influencias y experiencias a través de sus películas y testimonios tras casi una treintena de entrevistas efectuadas durante los años de trabajo de campo. Su indiscutible éxito en los principales festivales de cine internacionales (como el Festival de Cannes o la Berlinale) durante más de veinte años, se debe, a mi parecer, a la fuerte presencia de un elemento que pertenece a un nuevo tipo de realismo expresado con un lenguaje propio, innovador y moderno. Por otro lado, explorar el papel que juegan el poder y los intereses económicos dentro de la cultura europea, y más específicamente la rumana, es una tarea necesaria para entender cómo se instrumentaliza a la sociedad y la cultura bajo el abrigo de nuevas narrativas de control no tan desmarcadas de la propaganda política. Al pasar de un estado dictatorial a otro democrático como es el capitalismo, difiere en la forma en la que se limitan las libertades de los individuos de un modo sutil, similares a los planteamientos de Foucault en "vigilar y castigar" o con los de Pierre Bourdieu. Éstos destacan el monopolio legítimo de la violencia física y simbólica por parte del Estado. Por lo tanto, estas dinámicas reflejan el enfrentamiento entre la dominación y la lucha por la igualdad, afectando profundamente al pensamiento del colectivo.
Romanian cinematography at the beginning of the 21st century has been extraordinarily fertile, endowed with great creative force and freedom in its widestspectrum. After the fall of the communist regime in December 1989, Romania launched democracy, which promoted the development of the seventh art. During the first years of the new millennium, a cinematographic generation emerged, developing its own style and approach in its films, marked by what I believe could be called everyday realism. Its directors were soon classified as part of a New Wave by leading Romanian and international film critics and experts, using a strategic and commercial resource similar to that of the French Nouvelle Vague. In the Romanian case, the opinion of its filmmakers does not fully conform to the idea of a common manifesto, as they emphasize their creative individuality and their own personality. They reject the notion of being subservient to a new cinematographic dogma, which is acclaimed by critics, even though they share, in terms of cinematography, a preference for realistic aesthetics and content, and politically, a past of antagonism against the communist dictatorship, both from the Stalinist period and from the period of Ceaușescu's renewal...
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