A fines de los ochenta se produjeron cambios políticos que reconfiguraron la escena internacional, el fin de la guerra fría y el resurgir de los nacionalismos que se habían vuelto subrepticios, aplastados por los horrores de la segunda guerra mundial y la realineación en un mundo bipolar. La caída del muro de Berlín hizo emerger el problema étnico que, en algunos casos, generó un nacionalismo impregnado por el mesianismo religioso y, en otros, como una manifestación de las demandas históricas de pueblos indígenas sometidos a la explotación y marginación secular desde la colonia, subyugados _por políticas endocoloniales republicanas_en un círculo de pobreza del que no pueden escapar por ser indígenas, tanto en los Andes como en las selvas del Darién, Selva Lacandona, Centroamérica y la Amazonía.
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