La tierra ha constituido uno de los materiales constructivos de mayor antigüedad y presencia en las sociedades del pasado, dada su elevada disponibilidad en el entorno, sencilla obtención y transformación. Durante los diferentes periodos históricos, el desarrollo de técnicas constructivas como las mixtas, el amasado, el adobe o la tapia, ha respondido a tradiciones y culturas constructivas específicas que, en base a la experimentación, suponen un perfeccionamiento en su ejecución en aras de mejorar las propiedades mecánicas y físicas, así como dar una respuesta personalizada a los agentes de degradación. Por ello, se trata de construcciones capaces de arrojar datos de gran relevancia en la caracterización de estas sociedades, su delimitación territorial, migraciones, contactos o formas de vida; pero también de constituir herramientas para su transmisión al gran público mediante el reconocimiento físico y visual de las mismas.
En los años recientes, la construcción con tierra de la antigüedad ha suscitado un interés renovado en el ámbito académico, debido al atesoramiento de dicha información en tanto a las técnicas constructivas; y en el de conservación, dadas las contradicciones experimentadas en la prolongación de su vida útil, reducción del mantenimiento derivado del desuso y retención de valores de autenticidad. Sin embargo, son numerosos los factores que amenazan y dificultan la preservación de estos vestigios, al tratarse de una arquitectura desprovista de sus sistemas de protección tradicionales, con un encaje y funcionalidad limitada en la sociedad actual, y una comprometida valoración del material, asociado a connotaciones negativas y a la pobreza constructiva.
El objetivo de la presente tesis es abordar el panorama peninsular en este marco, atendiendo a los contextos de mayor fragilidad y priorizando la arquitectura de tierra doméstica, productiva y funeraria adscrita a los periodos prehistórico, protohistórico, romano o, en menor medida, medieval. De esta forma, identificar, por una parte, una muestra representativa de casos de estudio con vestigios conservados in situ, y generar una base de datos tanto de origen bibliográfico (estudio de técnicas constructivas), como con información actualizada (estado de conservación y transformación actual), a través de la toma de los mismos en visitas de campo. Por otra, proponer una metodología de evaluación que represente los principales factores de peligrosidad en la dimensión natural (sismo, inundación, desertificación y precipitación), social y antrópica, en aras de establecer, por comparación y cruce de datos institucionales, grados de vulnerabilidad y riesgo que favorezcan la prevención y planificación de estrategias de conservación.
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