Toda imagen bidimensional de carácter figurativo presenta dos espacios codependientes determinados por sus cuatro bordes. Todo lo que compone la imagen formará parte del campo, mientras que aquello susceptible de existir más allá de sus límites pasará a formar parte de ese espacio virtual, intangible y misterioso al que denominamos fuera de campo. Este espacio ausente se convierte en la proyección imaginaria de aquello que la imagen fragmenta, existiendo solo en la medida en la que es insinuado desde la propia representación.
En sus primeros años de vida, el cine hereda y perpetúa gran parte de las convenciones espaciales establecidas en la pintura renacentista. En cuestiones de representación espacial, sin embargo, el cine desarrolla un complejo lenguaje propio que convierte el fuera de campo cinematográfico en un espacio mucho más versátil que en el resto de medios. Debido a esta compleja relación con el recurso, el término fuera de campo surgirá por primera vez en el seno de la imagen cinematográfica, fruto de las complejas relaciones que el cine establece con este espacio más allá del marco.
Conscientes de sus orígenes cinematográficos, la presente tesis doctoral propone una revisión del recurso desde la historia de la pintura occidental, con una mirada retrospectiva que permita analizar y redescubrir este espacio oculto en un contexto ajeno al cine. La defensa de un fuera de campo genuinamente pictórico conlleva necesariamente un análisis del paradigma representacional en la pintura que permita vislumbrar las convenciones espaciales necesarias para la aparición del recurso en el cuadro. Partiendo del concepto del cuadro como ventana introducido en el Renacimiento, esta investigación abarca los cambios producidos en la representación espacial pictórica desde finales del siglo XIV hasta la introducción del cinematógrafo en 1895, lo que permite establecer las características de un fuera de campo genuinamente pictórico previo a la aparición del cine.
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