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De la balcanización de la escena política marroquí a la bipolarización: Los recursos estratégicos del majzén para el control del campo político-electoral

  • Autores: Said Kirhlani
  • Directores de la Tesis: Miguel Hernando de Larramendi Martínez (codir. tes.), Bernabé López García (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad Autónoma de Madrid ( España ) en 2021
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Waleed Saleh Alkhalifa (presid.), Ángeles Ramírez (secret.), Maria Angustias Parejo Fernandez (voc.), Beatriz Tomé Alonso (voc.), Thierry Desrues (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Ciencias Humanas: Geografía, Antropología y Estudios de África y Asia por la Universidad Autónoma de Madrid
  • Materias:
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  • Resumen
    • Las revueltas antiautoritarias, conocidas mediáticamente como “primavera árabe”, que sacudieron con fuerza, en el año 2011, un inamovible orden político establecido desde las independencias por regímenes estancados en “la reproducción de viejos mecanismos de conservadurismo en el autoritarismo” en la mayor parte de los países del Mundo Árabe, aunque consiguieron la caída de algunos dirigentes, tuvieron un impacto limitado sobre las estructuras del poder en diferentes países de la región. En el caso de Marruecos, sus efectos, a nivel estrictamente político, no llegaron a alterarlas. Las reformas impulsadas desde arriba por la Monarquía se limitaron a la promulgación de un nuevo texto constitucional, a la remodelación de la ley electoral y a la celebración de unas elecciones legislativas anticipadas, que marcaron un cambio en la tendencia del voto. Los resultados de las elecciones legislativas celebradas en 2011 y en 2016, junto con las elecciones municipales y regionales celebradas en 2015, mostraron una fuerte tendencia a la concentración del voto en un número reducido de formaciones políticas en un sistema de partidos categorizado, históricamente, como atomizado. La representación de los partidos y coaliciones políticas en el Parlamento se redujo a la mitad en el transcurso de una década. En 2007 estuvieron en el parlamento 23 de las 33 formaciones que concurrieron a los comicios. En 2011 ese número se redujo a 18 de las 31 que se presentaron a las elecciones legislativas. Cinco años después, en 2016, el número de formaciones y coaliciones representadas se redujo a 12 sobre un total de 27.

      Con el fin de definir las causas de la consolidación de esta tendencia a la desfragmentación de la representación parlamentaria, esta tesis doctoral ha tenido como objetivo de investigación indagar en la naturaleza del sistema marroquí de partidos y la relación que mantiene con la Monarquía, el actor dominante de la escena política marroquí. Una relación iniciada durante la época del Protectorado en un marco de cooperación en el proceso de lucha por la Independencia, pero que acabó derivando una vez conseguida ésta, en 1956, en una lucha por el poder político entre Palacio y el Movimiento Nacional.

      La Monarquía, o más concretamente el Majzén, actor que consiguió inclinar, desde los primeros años de la Independencia, la balanza de fuerzas a su favor ha limitado la rivalidad entre los partidos políticos en liza en los procesos electorales, a las negociaciones sobre el margen efectivo de ejercicio del poder ejecutivo correspondiente a las fuerzas políticas que consiguen el respaldo electoral de los ciudadanos. Unas negociaciones, en las que el Majzén ha ejercido una poderosa y decisiva influencia, a través de diferentes recursos estratégicos utilizados para asegurarse el control del campo político-electoral y mantener a los partidos políticos opositores en una situación marginal que les impida cuestionar este control.

      Entre estos recursos podemos citar los habituales mecanismos y estrategias a los que suelen recurrir los regímenes autoritarios y semiautoritarios como la imposición de Constituciones y de leyes electorales que institucionalizan la supremacía de la institución monárquica, el sometimiento de los partidos políticos opositores, la cooptación de sus élites, la devaluación del factor ideológico de su discurso, la banalización de su labor en la sociedad y la manipulación del sistema electoral, entre otros.

      No obstante, una de las estrategias que más éxito ha tenido en la debilitación de los partidos políticos opositores en Marruecos fue la instrumentalización del sistema de partidos, convirtiendo la pluralidad ideológico-política que caracterizaba el campo partidista marroquí desde la época del Protectorado en un multipartidismo autoritario. Por una parte, esta estrategia excluye a ciertos actores políticos, de ideología política contestataria, a través del establecimiento de una serie de restricciones para su legalización. Y, por otra parte, fomenta la multiplicación de nuevos partidos afines a Palacio, los denominados “partidos administrativos”, y provoca escisiones en las formaciones políticas ya constituidas. De este modo la Monarquía, convertida en el polo principal de la vida política en Marruecos, consiguió que este sistema multipartidista fragmentado sirviese para impedir la emergencia de cualquiera grupo predominante que pudiera desafiar su poder.

      La negociación del margen de Poder que han ocupado los partidos políticos opositores dentro de las instituciones ha dependido siempre de variables relacionadas con la situación de fuerza o vulnerabilidad en la que se encontraba la propia Monarquía, que ha pasado por momentos difíciles desde la independencia, en los que la legitimidad de la institución ha sido cuestionada. La necesidad de restar autonomía a los diferentes actores políticos ha estado condicionada por la coyuntura y contexto político, provocando respuestas diferentes según el contexto que van desde la aceptación al rechazo de las pretensiones de subordinación impulsadas por el Majzén. Por todo ello, esta tesis ha intentado ir más allá del análisis del recurso a la atomización analizando otros recursos estratégicos, menos estudiados, como la inducción de una bipolaridad ideológico-política en situaciones de confrontación con el partido o la coalición de partidos percibidos como amenaza a su monopolio de poder, o la domesticación de las principales fuerzas de oposición a través de su integración en gobiernos de “alternancia otorgada”.

      Este recurso a la bipolarización, que ha servido a la Monarquía para evitar una situación de lucha frontal contra sus rivales políticos protegiendo su calidad de árbitro por encima de los partidos, se convirtió, desde los primeros años de la independencia del país, en un patrón de conducta en diferentes situaciones de confrontación con su oposición. En el reinado de Mohamed VI, que llegó al trono en 1999, la Monarquía vio con preocupación la emergencia con fuerza del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD) un partido que competía con ella en uno de los espacios, el religioso, sobre el que se sustentaba una parte esencial de su legitimidad y a través de la cual ejercía su control social. Para neutralizar esta potencial amenaza la Monarquía impulsó la creación de un nuevo partido político -el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM)- durante la segunda mitad de la primera década del siglo XXI como instrumento para frenar el avance electoral de la formación islamista. En ese contexto la estrategia de promover una bipolaridad artificial para enmascarar una bipolaridad real entre la Monarquía y la fuerza política opositora consiguió desactivar, momentáneamente, la amenaza que suponía para Palacio. No obstante, para su neutralización definitiva, el recurso utilizado, como había ocurrido en ocasiones anteriores con otras fuerzas políticas opositoras con amplia legitimidad popular, ha sido su integración en un gobierno de alternancia en el marco de cohabitaciones subordinadas con el fin de desgastarla cediéndoles parcelas de un poder ejecutivo que ha seguido dependiendo de la autoridad del soberano.

      El estudio de todos estos mecanismos y recursos estratégicos de control del campo político nos ha servido para comprobar cómo la monarquía ha conseguido trazar las reglas del juego político tanto en el marco de inclusión de los partidos opositores en la vida política institucional como en el marco de su asociación al ejercicio del poder ejecutivo, sin participación activa en la toma de las decisiones estratégicas importantes de las que se convertían en meros ejecutores.

      En definitiva, la diversificación de los recursos estratégicos para afrontar las ‘amenazas’ que cíclicamente han surgido en diferentes coyunturas sociopolíticas han contribuido a consolidar y perpetuar la dominación del campo político por parte de una “Monarquía ejecutiva” que no duda en utilizar su carácter autoritario, el denominado tahakkum, cuando percibe riesgos desde fuera de las instituciones para la estabilidad del sistema. De este modo, la vida política marroquí se convierte en una especie de “transición autoritaria” (confrontación - integración - neutralización) de ficticia apariencia democrática


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