Ayuda
Ir al contenido

Dialnet


Cuaderno de Central Park: tiempos, lecturas y escritos de un territorio urbano

  • Autores: Ángel Martínez García-Posada
  • Directores de la Tesis: Francisco Javier Montero Fernandez (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de Sevilla ( España ) en 2007
  • Idioma: español
  • Número de páginas: 469
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: Idus
  • Dialnet Métricas: 3 Citas
  • Resumen
    • Los Municipal Archives of New York City, donde hace pocos años se decidió reunir gran parte de la colección de dibujos originales del parque (The Department of Parks and Recreation Drawings Collection), son unas dependencias en la planta baja de una de las edificaciones del Ayuntamiento en la zona sur de la ciudad, a medio camino entre la Zona Cero y el comienzo de la ascensión al puente de Brookl yn. Antes he pasado por la escalinata del Ayuntamiento en la que hay un reducido grupo que protesta con pancartas y he recordado esa otra escalera bajo el reloj de la Plaza Nueva sevillana donde unas horas antes habrá habido alguna otra reivindicación, pero aquí, rodeados de edificios altos, en el corazón del downtown, pasan casi desapercibidos, este no es el escenario más fotografiado de la ciudad. Aún no eran las nueve, ocupaba el tiempo hasta que abrieran al público los archivos. En estos minutos de espera, en el ecuador de mi estancia neoyorquina en búsqueda de datos sobre Central Park, me ha entretenido recordar el edificio de Diego de Riaño y la explicación de Francisco Montero de su condición de charnela entre dos espacios libres de naturaleza tan diferente, la Plaza Nueva y la Plaza de San Francisco. No hacía mucho paseaba por ésta, la estructura de los palcos estaba ya apilada, a la espera de su enésimo montaje. Al levantar la cabeza y atisbar el remate del Woolworth de Cass Gilbert, la escala de Manhattan me trajo de nuevo a la realidad, era una comparación difícil. El edificio de los Archives, en el nº 31 de Chamber Street, está mal señalizado. La primera vez, distraído por la conversación telefónica con mi padre y concentrado en el frío que sentía en la reducida porción de mano que asomaba del guante para manipular el móvil, pasé de largo. Son tantas las banderas de barras y estrellas sobre las cornisas de Manhattan que otra más casi no se nota. Tras la entrada, un gran hall rectangular, mal iluminado, al fondo una gran escalera, con dos brazos que parecen llevar al mismo sitio. La sala está a la derecha, antes hay que pasar un escáner. Dos policías me saludan cordiales, ella es negra, joven y gruesa, él es blanco, al borde de la jubilación y con voz ronca. Cuando dejo mi bolsa en la cinta, ninguno mira, no es este el edificio más en riesgo de la metrópoli.Entro en la gran sala, hay un mostrador y detrás varios empleados archivan, clasifican o informan, pero no hay duda de a quién dirigirse. Ella los organiza y los demás parecen seguir sus indicaciones. Leandra Gidlung es una señora de unos sesenta, con la piel clara y aspecto elegante, acento inglés y aire aristocrático. Nadie encontraría nada en aquel universo de archivadores y cajas de microfilmes sin su ayuda. Su interés por mi trabajo parece sincero y también su curiosidad cuando hojea las páginas de mi tesina. Durante las horas aquí pasadas visitará continuamente mi mesa, atenderá mis dudas y mantendrá a uno de los empleados más jóvenes a mi disposición. Él será quien haga varias veces el trayecto a una habitación en algún otro punto donde para mí fotocopia en color dibujos originales de puentes, mosaicos, fuentes y otros diseños de la colección del parque. No me hizo falta pedirlo, Leandra me dio su email por adelantado. [Desde entonces, no ha tardado nunca más de dos días, supongo que por eso del cambio horario, en responder a alguna de mis preguntas].Antes de abrir los tres grandes archivos que catalogan toda la información microfilmada de Central Park con miles de dibujos originales, levanto la vista de mi cuaderno de notas y miro la habitación, no es el interior más lujoso de Nueva York. Tiene aspecto de estancia de universidad añeja, con archivos, cajas, mesas viejas de madera, máquinas ruidosas de visionado de negativos, fotos en blanco y negro sobre las paredes y un público mucho mayor que yo. El vecino más cercano es un judío ortodoxo casi centenario y con abrigo hasta los pies al que los empleados tratan con desdén porque lleva horas ocupando la fotocopiadora por monedas. A mi derecha está colgada la fotografía Painters on Suspenders, tomada un 7 de octubre de 1914, son obreros sobre los cables del puente de Brooklyn, la misma que seguiré utilizando para ilustrar aquello de los ángeles que miran la ciudad desde cotas imposibles. Bajo ella, varios cajones con carpetas donde están archivados los Manhattan Land Book de 1975, esa especie de parcelario en tonos anaranjados y rosáceos que Rem Koolhaas empleó en las contracubiertas de Delirious New York. En los cajones inferiores descubro otra versión de 1934, el año en que Robert Moses se hacía cargo del parque.Han sido muchos los momentos en que paseando por la ciudad me he sentido como el protagonista de novelas o fotogramas, pero acaso ahora es cuando me siento como uno de esos investigadores de película. En los días previos, entre los estantes de la Biblioteca Avery de la Universidad de Columbia, había empezado a sentir justificada mi condición de becario predoctoral, rodeado de una de las mayores recopilaciones bajo el mismo techo de libros de arquitectura. En la Columbia estuve estudiando las publicaciones de algunos autores que seguro aparecerán citados en mis “Tiempos” del territorio urbano. Eran obras de historiadores, de sociólogos o de especialistas en los temas de “Gotham City”, que documentan el gran hecho democrático de Central Park, la pieza maestra del arte americano del siglo XIX, las historias políticas, las estadísticas y las anécdotas. Pero ninguno aborda el hecho del gran territorio urbano en medio de la ciudad como un proyecto de arquitectura. La información de la Avery, salvo el acopio de ediciones originales de los informes anuales del Departamento de Parques, con un gran apartado en todos ellos dedicado a Central Park, es una documentación no original, ya filtrada por la mirada poco arquitectónica de los citados autores.En la sala de estanterías metálicas y techos muy bajos donde se guardaban los distintos Annual Reports practiqué una vez más el juego de los espejos, el que explicaba en el epílogo de la tesina, “Central Park, espejo del mundo”, el que permite leer el todo en un solo fragmento o el mundo en uno de sus lugares. Creo que fue Goethe el primero que dijo que en toda obra de arte se puede encontrar todo lo que es el arte. Algún día intentaré contar Central Park en los fragmentos ejemplares de Sheep Meadow o Great Lawn, como en la tesina mencionaba la condición microcósmica de ciertos lugares de Manhattan. Pero revisando el surtido de informes anuales he podido rastrear una vez más la evolución del parque desde sus orígenes, esta vez desde la mera recopilación de tablas, datos o presupuestos. También los cambios en el arte de la impresión y la encuadernación. Algunos estaban guardados en preciosas carpetas de cartones entelados y cintas enlazadas y otros en frías tapas duras de letras doradas en los cantos. Los primeros años la lista de actividades aún era reducida y se describían las labores de construcción, metros excavados o removidos, nuevos pedestales de estatuas, inversiones de dinero. Con el tiempo irían apareciendo también fotografías e imágenes. Año a año la enumeración de ofertas lúdicas se iba haciendo mayor y se podía ir siguiendo la estela de los despidos y regresos de Olmsted y Vaux, de sus sucesores, del régimen de Tweed, o la relación casi interminable de trabajos de los informes de los primeros años de Moses. Con él, claro, los informes anuales del Departamento de Parques pasaron a ser pesados tomos. La pista de estos informes es una forma curiosa de entender Central Park, como si estudiáramos las grandes obras de arquitectura leyendo sus presupuestos o mediciones.La Drawings Collection de los Archives (que anteriormente estuvo custodiada en la Columbia y también en la New York Historical Society) contiene material gráfico relativo a la creación del sistema de parques de Nueva York desde 1859 a 1933, con especial énfasis en Central Park. En total son tres mil treinta y un documentos de arquitectos e ingenieros que trabajaron para el Departamento de Parques. Entre ellos están los diseños y edificios de Olmsted y Vaux de este territorio creado por la mano del hombre, y los de algunos de sus colaboradores o sucesores, nombres que aparecerán, algún día, supongo, en las páginas de la primera parte de la investigación, Jacob Wrey Mould, Ignaz Pilat, Samuel Parsons Jr. Son dibujos que estuvieron guardados largo tiempo en el parque, en las oficinas del Arsenal, conservados en condiciones difíciles. Antes de su catalogación hubo que emprender la labor de repararlos. La colección contiene dibujos preliminares, planos finales, perspectivas, notas, listas de especificaciones y materiales, mapas, fotografías, cartas, diseños de plantaciones, secciones de cruces de caminos, dibujos arquitectónicos o ingenieriles relativos al diseño, mantenimiento y estado de Central Park y otros parques de la ciudad. Alguien ha escrito una explicación para cada dibujo. La información incluye título, descripción, fecha, tamaño, escala, medio, arquitecto, ingeniero, firma, estado y número original, además de la indicación del lugar al que se refiere cada dibujo. La antología se divide en dos grupos: Central Park y el resto de los parques. Los famosos Central Park Drawings, los que vine a estudiar, son en total mil setecientos ochenta y tres documentos. Son dibujos de Olmsted, Vaux o Mould, relativos a diseños originales o modificaciones, detallando la apariencia de vistas, topografía, drenaje, entradas, muros, plazas adyacentes, caminos transversales, fuentes, puentes, edificios y estructuras. También están los dibujos del Museo Americano de Historia Natural y del Metropolitan. El material está ordenado en diez series de acuerdo al orden que tuvieron los dibujos. Hay una serie completa para el Belvedere Castle.Hay otra para la Bethesda Terrace y el Mall, resulta claro por el tamaño de estos documentos (doscientos treinta y cinco, divididos en detalles, drenajes, fuentes, Mall


Fundación Dialnet

Dialnet Plus

  • Más información sobre Dialnet Plus

Opciones de compartir

Opciones de entorno