El virus del papiloma humano, VPH, es una de las infecciones de transmisión sexual más frecuente. Existen más de 200 tipos de VPH que pueden infectar tejidos mucosos o cutáneos. En función de su potencial carcinogénico, se clasifican en “virus de alto riesgo” y “virus de bajo riesgo”. Dentro de los virus de alto riesgo, destacan principalmente el VPH 16, y otros como los VPH 18, 31, 33, 45, 52 y 58. La infección persistente por estos tipos puede dar lugar a lesiones precancerosas y posteriormente a cáncer. Por su parte, los “virus de bajo riesgo”, entre los que destacan los VPH 6 y 11, se asocian principalmente a lesiones benignas, como las verrugas genitales.
Se estima que entre el 80 y 85% de los individuos sexualmente activos entrarán en contacto con este virus a lo largo de su vida. Los factores de riesgo identificados que aumentan la probabilidad de adquirir la infección por VPH están relacionados con el número de parejas sexuales, la edad de inicio de las relaciones sexuales, la alta paridad o la no circuncisión. El uso del preservativo protege sólo parcialmente de su transmisión.
Aunque la infección es muy frecuente ya que, en un primer momento, el virus tiene la capacidad de evadir el sistema inmune; pasado un tiempo, termina por ser identificada y eliminada. Sin embargo, cuando la infección por VPH persiste durante un periodo de tiempo prolongado, puede dar lugar a una acumulación de daños celulares que desembocan en el desarrollo de una lesión precancerosa de alto grado o incluso, un cáncer invasor.
Los factores de riesgo asociados a la persistencia de la infección son, entre otros, un estado de inmunosupresión, tratamiento con anticonceptivos orales, el tabaquismo u otros factores genéticos.
Se estima, que el VPH es responsable de alrededor del 5% de los cánceres que se producen en humanos: la infección por VPH es causa necesaria para el desarrollo de cáncer cervical, pero además, se relaciona con otros tipos de cánceres anogenitales como el cáncer de ano, vulva, vagina, pene, otras enfermedades como las verrugas genitales o la papilomatosis respiratoria recurrente y el cáncer de cabeza y cuello. La fracción atribuible al VPH de estas enfermedades varía ente el 20% y el 90%, en función de la localización.
En España, la base de datos del Ministerio de Sanidad, el Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD), recoge aproximadamente el 98% de las altas hospitalarias del país. La cobertura de esta base de datos ha ido en aumento desde su implementación en 1997. El análisis de los datos del CMBD es una herramienta útil para el seguimiento de las enfermedades que requieren hospitalización, y se ha utilizado de forma amplia para enfermedades infecciosas como el rotavirus, la varicela o el neumococo entre otras; y enfermedades no infecciosas como el párkinson.
En 2007, se publicó el primer análisis del CMBD que evaluaba la carga hospitalaria asociada al cáncer cervical en España entre los años 1997 y 2002. Posteriormente entre 2011 y 2012, se publicó un análisis similar de las hospitalizaciones por vulva y vagina en España en el periodo 1997-2008 y de las hospitalizaciones por ano y pene en el mismo periodo. Sin embargo, el conocimiento sobre la epidemiología de los cánceres anogenitales en nuestro país sigue siendo limitado. En la actualidad, la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) proporciona información sobre los distintos tipos de cánceres en base a los 14 registros regionales existentes, pero no se dispone de un registro nacional de cáncer anogenital, y tampoco se registran de forma estandarizada las lesiones precancerosas o el carcinoma in situ. Por ello, el CMBD es una herramienta útil para evidenciar la carga epidemiológica hospitalaria y la evolución de estas enfermedades a nivel nacional. A esto hay que añadir que, en los últimos años, se han producido algunos cambios que han podido modificar la epidemiología de este tipo de cánceres como: el cambio en los hábitos sexuales, el desarrollo de nuevos fármacos y técnicas quirúrgicas para su tratamiento y las diferentes medidas de prevención que se han introducido, especialmente para el cáncer cervical, como la vacunación y el cribado.
La actualización de los datos del CMBD puede ser de utilidad para la toma de decisiones en Salud Pública y para la evaluación económica de posteriores intervenciones para el tratamiento y prevención de los cánceres anogenitales. El objetivo de este estudio es estimar la carga de enfermedad hospitalaria asociada a la neoplasia maligna y carcinoma in situ anogenital, en la población general española, durante el periodo 2003-2014 para el cáncer de cuello de útero, y 2009-2013 para el cáncer de vulva, vagina, ano y pene.
Para llevar a cabo este estudio epidemiológico, se seleccionaron del CMBD todas las altas hospitalarias relacionadas con neoplasia maligna y carcinoma in situ de las localizaciones mencionadas, durante el periodo de estudio definido para cada una de ellas. La selección se hizo en base a los códigos CIE-9-MC. Para cada hospitalización, se recogió la edad, el tipo de alta, estancia media hospitalaria, diagnóstico, procedimientos terapéuticos asociados, y desenlace. Los costes se estimaron en base al análisis de los grupos de diagnóstico relacionados (GDR). Se calculó la estancia media hospitalaria, el coste medio por hospitalización, la tasa de hospitalización, tasa de mortalidad y tasa de letalidad, por año de estudio y grupo de edad. La población de referencia se tomó del padrón municipal. Se utilizó el test de Chi cuadrado para evaluar diferencias significativas en proporciones y ANOVA para comparaciones múltiples. Se empleó el modelo de Poisson para evaluar diferencias en las tasas por grupo de edad y durante el periodo de estudio.
Con respecto a los resultados; se identificaron 3.668 hospitalizaciones por NM + CIS de ano en hombres y mujeres. Más del 55% de ellas se registraron en hombres, en los cuales, se presentaban a una menor edad (p<0.001) y estaban asociadas a una mayor estancia media hospitalaria (p= 0,0032) y mayores costes de hospitalización (p< 0,001), en comparación con las registradas en mujeres. La tasa de hospitalización media también fue mayor en hombres (2,141 hospitalizaciones por cada 100.000 hombres mayores de 14 años; y 1,604 hospitalizaciones por cada 100.000 mujeres mayores de 14 años; p<0,001). Se observó un incremento significativo de la tasa media de hospitalización por NM + CIS de ano en hombres durante el periodo de estudio (p= 0,048). Durante los mismos años, se registraron 4.156 hospitalizaciones por NM + CIS de pene. La tasa de hospitalización fue de 4,320 hospitalizaciones por cada 100.000 hombres mayores de 14 años.
En cuanto a cérvix, en el periodo de estudio evaluado (2003-2014), se registraron 74.933 hospitalizaciones por NM + CIS de cérvix. La edad media de hospitalización aumentó de forma significativa durante el periodo de estudio, al igual que los costes de hospitalización. Sin embargo, la estancia media hospitalaria disminuyó, también, de forma significativa (p< 0,001). La tasa de hospitalización fue de 27,532 hospitalizaciones por cada 100.000 mujeres. Esta tasa disminuyó de forma significativa durante el periodo de estudio, especialmente a partir del año 2011. La tasa de mortalidad fue de 1,418 muertes por cada 100.000 mujeres y la tasa de letalidad fue de 5,150%, durante el periodo de estudio.
Por último, en las localizaciones de vulva y vagina, se identificaron 9.896 hospitalizaciones por NM + CIS entre 2009-2013. La edad media de hospitalización fue de 69,94 años, la estancia media hospitalaria fue de 10,02 días y los costes medios de hospitalización fueron de 5.140 euros. La tasa de hospitalización fue de 9,874 hospitalizaciones por cada 100.000 mujeres mayores de 14 años; la tasa de mortalidad fue de 0,932 muertes por cada 100.000 mujeres mayores de 14 años y la tasa de letalidad fue del 9,438%.
En definitiva, los resultados de este estudio muestran la importante carga de enfermedad hospitalaria asociada a los cánceres anogenitales, especialmente al cáncer cervical, cuya tasa de hospitalización es la más elevada de los cánceres evaluados. Estos resultados están en consonancia con los datos de incidencia conocidos, ya que el cáncer cervical es el segundo cáncer más frecuente en las mujeres menores de 45 años en nuestro país.
A pesar de que la mayor parte de las localizaciones analizadas afectan de forma exclusiva a la mujer (cérvix, vulva y vagina), en el caso de la patología anal, que puede darse en ambos sexos, observamos que las hospitalizaciones se registran con más frecuencia en hombres. Estos datos coinciden con las tasas de incidencia anuales de cáncer anal en España, las cuales son mayores en hombres que en mujeres; algo contrario de lo que ocurre en el resto de Europa. Esta variabilidad podría atribuirse a diferencias en los hábitos sexuales y a la presencia de otros factores de riesgo conocidos para el cáncer anal, como comorbilidades que implican una alteración del sistema inmune: Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). La evolución de la carga de enfermedad hospitalaria asociada a las distintas localizaciones evaluadas ha sido diferente. En el caso de vulva y vagina, no se han observado modificaciones significativas en la tasa de hospitalización con respecto al periodo de estudio. Sin embargo, en cérvix, se ha evidenciado una importante disminución de la tasa de hospitalización, tanto en neoplasia maligna como carcinoma in situ. Este descenso se puede deber a diversos factores, fundamentalmente a los avances terapéuticos y clínicos producidos durante los últimos años, que han permitido un manejo mejor y más eficiente de la enfermedad. Por el contrario, en caso de la neoplasia maligna y carcinoma in situ de ano; aunque en las mujeres no se han observado diferencias significativas en el periodo de estudio; en los hombres observamos un aumento. Este aumento está en consonancia con los datos reportados en otros países como Reino Unido o EEUU, en los cuales, también se ha observado un aumento en este tipo de cánceres, probablemente como consecuencia de una modificación en los hábitos sexuales.
Con respecto a la edad, en ano, pene, vulva y vagina, las mayores tasas de hospitalización se observan a partir de 65 años; sin embargo, en cérvix, esta tasa alcanza su valor máximo en las mujeres entre los 45 y 59 años; lo que supone un importante impacto en mujeres que aún están en edad laboral activa.
Por otro lado, la carga hospitalaria por NM y CIS anogenital supone un importante impacto económico para el Sistema Nacional de Salud. Según nuestras estimaciones, en los 12 años del periodo de estudio de la patología cervical, el coste total de las hospitalizaciones por cérvix ha superado los 333 millones de euros, mientras que en los 5 años de evaluación del resto de hospitalizaciones por enfermedades anogenitales (ano, vulva, vagina y pene), el coste total es de unos 95 millones de euros.
De los cánceres analizados, solo el cáncer cervical dispone de un programa de prevención secundaria estandarizado en nuestro país. Sin embargo, en España, también disponemos de un programa de vacunación frente al Virus del Papiloma Humano desde el 2007, con una cobertura superior al 75% en niñas de 12 años, por lo se espera que la fracción atribuible al VPH de las enfermedades analizadas vaya en disminución en las próximas décadas.
De forma adicional, la aparición de las vacunas frente al VPH de segunda generación, que cubren un mayor número de genotipos, y la ampliación de los programas de inmunización, con la posibilidad de incluir a los niños, podrían suponer un impacto aún mayor en el descenso de estas patologías.
Aunque el análisis del CMBD pueda presentar limitaciones, ya que no nos permite reportar datos de incidencia, y la validez de los resultados está sujeta a la calidad de la codificación de las hospitalizaciones; dicha base de datos ha demostrado ser útil para la vigilancia epidemiológica de este tipo de cánceres fuera y dentro de nuestras fronteras.
En conclusión, el análisis de la evolución de la carga hospitalaria asociada a los cánceres anogenitales ofrece una información relevante para el Sistema Nacional de Salud y los decisores de Salud Pública, ya que puede ser una herramienta útil para la toma de decisiones; y adicionalmente, su seguimiento puede proporcionar información sobre el impacto de las diferentes medidas terapéuticas y preventivas en el manejo de este tipo de cánceres
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