INTRODUCCIÓN La ciencia de la hidratación ha sido un aspecto poco explorado dentro de la nutrición a lo largo del tiempo. Debido a la aparición de nuevas formas de bebida y a los cambios en los patrones dietéticos, en los últimos años, el consumo de bebidas está cobrando mayor importancia en las investigaciones actuales en relación a una posible asociación con la epidemia de obesidad infantil y síndrome metabólico. De todos los fluidos, la ingesta de agua, es probablemente el menos analizado y podría jugar un importante papel. Las bebidas pueden suponer una elevada carga energética en la dieta y algunos autores han sugerido que el consumo de bebidas azucaradas es mayor en niños con un estatus socioeconómico menor, debido a que las familias limitan su gasto en alimentación saludable para ahorrar dinero. Por otro lado, la influencia de la actividad física en este consumo de fluidos ha sido escasamente estudiada y la capacidad cardiorrespiratoria (CCR), puede resultar un marcador fiable para su valoración. OBJETIVOS El objetivo de este estudio fue analizar la ingesta de fluidos y de agua y su relación con la composición corporal, los factores cardiometabólicos y el nivel socioeconómico en niños.
MATERIAL Y MÉTODOS Se estudiaron niños y niñas en tres fases diferentes (n=373, n= 366, n= 182), de 9-11 años de edad de 20 colegios públicos de la provincia de Cuenca (España).
Se recogieron datos antropométricos, de composición corporal, factores de riesgo cardiometabólico y capacidad cardiorrespiratoria. Para obtener la ingesta de bebidas, se realizó la media de dos cuestionarios de 24 horas obtenidos mediante el programa de registro de alimentos YANA-C, validado para el estudio HELENA. La capacidad física cardiorrespiratoria fue evaluada a través del test de 20 metros ida y vuelta. Los datos de estatus socioeconómico de los padres se obtuvieron mediante un cuestionario auto administrado de preguntas sobre ocupación y educación, clasificado según la Sociedad Española de Epidemiología.
RESULTADOS La energía proveniente de fluidos supone un 16% del aporte energético diario y el consumo global de todas las bebidas un 40% del aporte de azúcares ingeridos en la dieta. Se observa una asociación inversa entre el consumo de agua de bebida (ml/kg peso) con parámetros de composición corporal, niveles de insulina, índice HOMA y parámetros de tensión arterial en niños. Los escolares con sobrepeso-obesidad beben menos agua (ml/kg peso) que sus homólogos con normopeso. Un mayor consumo de agua (ml/kg peso) en escolares, se relaciona con un mejor perfil lipídico. El consumo de bebidas en la mayoría de las categorías analizadas fue mayor en niños de ESE medio con respecto a los niños de estatus socioeconómico alto. No se observan relaciones significativas entre el consumo de bebidas y el estatus socioeconómico de los niños.
CONCLUSIONES Es de gran importancia conocer los hábitos de hidratación en los escolares ya que debido a la aparición de nuevas formas de bebida y los cambios en el estilo de vida, el consumo de fluidos puede suponer una elevada carga energética en la dieta y predisponer al padecimiento de enfermedades crónicas no transmisibles.
La ingesta de agua de bebida podría ser un factor protector frente a la epidemia de obesidad que sufrimos en la actualidad, debido a que desplaza el consumo de otras bebidas más calóricas y supone una opción coste-efectiva. Asimismo, el aumento en la ingesta de agua podría disminuir el riesgo cardiometabólico.
Es necesario elaborar políticas comunitarias con el objetivo de mejorar los hábitos de hidratación en una población vulnerable como los niños y tener en cuenta el nivel socioeconómico de las familias, vigilando el acceso a bebidas menos saludables y poniendo a su alcance las opciones más adecuadas.
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