Las lesiones cerebrales acarrean, como consecuencia, multiples discapacidades y son unas de las principales causas de muerte, especialmente entre los jóvenes (Prins y Hovda, 2003). La respuesta general del cerebro a una lesión lleva consigo la interrupción de los vasos sanguíneos, provocando así una extravasación importante de sangre. Así mismo, se produce una infiltración y activación de las células que van a llevar a cabo la respuesta inflamatoria (Quintana et al., 2007). Además de la característica gliosis, tiene lugar la muerte neuronal y de células gliales causada por la hipoxia y producción de especies reactivas del oxígeno (Allan y Rothwell, 2001; Aloisi, 2001; Lucas et al., 2006). La activación de la compleja cascada de sucesos fisiológicos y bioquímicos tiene lugar durante las primeras horas e incluso días posteriores a la lesión (Bramlett y Dietrich, 2004; Gaetz, 2004).
A pesar de que constituyen la mayoría de las lesiones de cabeza, los pacientes con traumatismos por contusión leve han estado poco representados en los ensayos clínicos, reduciendo la posibilidad de estudiar una administración adecuada de agentes farmacológicos (Jennings et al., 2008).
El sistema nervioso central (SNC) adulto presenta una capacidad limitada para la regeneración tras una lesión (Davies y Silver, 1998). La razón de que el SNC adulto este tan limitado en cuanto a su regeneración puede ser debido a diversos factores: la muerte de neuronas dañadas, la reducida capacidad de las neuronas para crecer cuando hay un daño, la ausencia de factores tróficos necesarios para el crecimiento y/o la presencia de factores inhibitorios (Bandtlow, 2003).
En los últimos años, se han estado estudiando varias estrategias para la regeneración del SNC, como el implante de células o el tratamiento con anticuerpos inhibitorios (Woerly et al., 1999). Recientemente, la ingeniería tisular se presenta como un campo emergente en medicina regenerativa, que permite restaurar defectos tisulares induciendo el crecimiento endógeno durante la respuesta al daño. En este aspecto, se ha demostrado que los hidrogeles porosos ayudan a la reparación del tejido y la regeneración axonal del SNC (Woerly, 1993; Woerly et al., 2001).
Los hidrogeles o biomateriales son preferidos por actuar como andamios para la regeneración del SNC y el periférico tanto in vivo como in vitro. Estos pueden estar compuestos por una amplia variedad de polímeros con naturaleza biodegradable, con propiedades mecánicas similares a la del tejido a reparar y con alta porosidad que promueve la adhesión y el crecimiento celular (Subramanian et al., 2009).
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