La construcción mitológica de la figura del artista en su devenir histórico se halla vinculada a las relaciones establecidas con disciplinas como la magia, la divinidad o la irracionalidad.
La pregunta por la ontología del artista es deudora asimismo de su significado social; una función subjetiva que se transpone en la materia; un sujeto que se objetualiza en aras de conquistar la eternidad, vencer el tiempo y con él la muerte. Un acto de amor que se diluye en la experiencia sensible de un ser que se busca desde el afuera: un sujeto que se desata.
Transubstancialización de materia en espíritu Una obra que habla, una obra que calla
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