Con el fin de contribuir a la superación de la marginación del tema del consumo cultural contemporáneo, la presente tesis ha estudiado la relación con la cultura de los habitantes de la Lleida de 1808 a 1874.
Se ha empezado por analizar su nivel educativo, para después adentrarnos en los libros poseídos por los finados sujetos a inventario. De esta forma, se han podido conocer los títulos, temas, autores y corrientes ideológicas más frecuentes. Seguidamente, se han tratado otros objetos culturales (como cuadros, tallas, instrumentos musicales, planos ...) y otros espacios culturales al hogar (como escuelas, bibliotecas públicas, teatros, calles, cementerio...).
Este repaso no ofrece el panorama de una ciudad que consume poca cultura impresa y que, cuando lo hace, es de temática religiosa y jurídica, de ideología conservadora, de la Edad Moderna y hábito de nobles y clérigos. Por tanto, aún no se ha experimentado la revolución en la lectura que R. Wittmann sitúa a finales del siglo XVIII.
Pero esta situación no es simple.
Los comerciantes y artesanos adquieren numerosas obras en almoneda, los profesionales siguen muy de cerca a los nobles y eclesiásticos en la posesión de objetos culturales, todos los cuadros de las tabernas son profanos y algunos personajes (como Mariá Massot) se esfuerzan en adquirir las novedades editoriales.
En consecuencia, el consumo cultural de una ciudad provinciana como la Lleida decimonónica se ajusta a la idea de A. Mayer, según la cual la Europa anterior a la I Guerra Mundial era una mezcla de tradición y modernidad, con predominio de la primra.
Y es que, lo que para las grandes potencias es cuestionable, para este tipo de ciudades puede ser totalmente válido.
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