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Principios, criterios y propuestas de programación y edición de contenidos y formatos comunicativos, bajo la mirada católica sobre la realidad

  • Autores: Ricardo Latorre Cañizares
  • Directores de la Tesis: Gabriel Galdón López (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad CEU San Pablo ( España ) en 2016
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Javier Prades López (presid.), Manuel María Bru Alonso (secret.), Alfonso Javier Fernández del Moral (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa Oficial de Doctorado en Análisis de la Sociedad de la Información y Nuevas Formas de Comunicación
  • Calificación: Sobresaliente Cum Laude
  • Materias:
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: TESEO
  • Resumen
    • Este Trabajo trata sobre la necesidad y las pautas de un paradigma comunicativo-mediático para la transmisión de la fe cristiana.

      El Estudio comienza mostrando de un modo completivo y sintético el actual panorama de la comunicación moderna en las Teorías que lo sustentan y en el desarrollo práctico que lo evidencia (cap. 1); para, después, pasar a mostrar cuál es el tipo de mensaje que la Iglesia católica quiere transmitir al hombre de hoy (cap. 2); para, por último, demostrar cuál es el paradigma de la comunicación moderna que mejor se adecua a este objetivo comunicacional.

      A lo largo del Trabajo se confirma que el paradigma comunicativo en el que se inscribe la actividad comunicacional condiciona la capacidad de comunicar realidades de tipo espiritual. Porque la verdad es siempre más rica y completa que la mera “exactitud” o el rigor informativo formalista al que, con frecuencia, se ve sometida la práctica del Periodismo y que conduce a la sustitución de la lógica de la verdad por la lógica de la noticia.

      Las Teorías de la Comunicación al uso son poco aptas para comunicar realidades de tipo espiritual ni trascendente, ni determinados aspectos vinculados a las relaciones humanas. Esto supone una grave limitación para la capacidad de expresión de la Comunicación Social en general, y para los intereses de la Iglesia, en particular. Ante este panorama, aparece como necesaria la elaboración de un nuevo modelo de comunicación. Un elemento fundamental para la configuración de este nuevo modelo es Internet.

      Diversos expertos en comunicación aportan formas nuevas, más dialógicas, y que favorecen lo que los cristianos llaman “testimonio”, elemento esencial para la comunicación del Evangelio. Estos autores tienen en común una antropología cristiana. La selección y combinación de estas reflexiones y aspectos de diferentes Teorías de la comunicación, permite la elaboración de un nuevo modelo comunicativo. En efecto, entre las numerosas Teorías de la comunicación se encuentran determinadas visiones, aspectos o, incluso, modelos sistémicos completos válidos para elaborar un nuevo paradigma global de comunicación; más amplio, más humano y, por lo tanto, más apto para una comunicación más humana, menos superficial, y más al servicio de la sociedad, porque están más al servicio de la verdad y del bien. Un paradigma que reconozca la existencia de realidades que no son físicas ni –por otra parte– meramente subjetivas, sino inmateriales, pero poderosamente reales, como son los valores o las dimensiones espirituales de las personas. Ello se logra gracias a la profundización en la dimensión relacional, con la que se consigue el utillaje intelectual necesario para otorgar a la comunicación humana la relevancia que merece.

      En el centro de este paradigma se encuentra la interacción humana, orientada al entendimiento, la comprensión y la colaboración. De esta manera, se pone de manifiesto que el desarrollo de la persona exige su vinculación comunitaria, y se ofrece la descripción del tipo de sociedad que hace posible dicho desarrollo. Se trata de una comunidad que tiene como último criterio orientador el amor entre las personas, de manera que cada una es querida por sí misma y se la considera insustituible para la plenitud de la comunidad entera. Por ello, en este paradigma, la comunicación se orienta al encuentro y a la comunión; a la vida comunitaria. Se otorga un valor central a las relaciones interpersonales y de la persona con la comunidad. En este paradigma, los medios de comunicación social han de concebirse a sí mismos como parte de la sociedad civil, ya que su vocación propia es contribuir a la consecución del bien común; como agentes del entendimiento, la compasión y la colaboración entre los hombres.

      Esta comunicación más humana fecunda lo social y acrecienta la creatividad con el dinamismo del amor. Porque la libertad tiene una gran fuerza creadora cuando se pone al servicio de la solidaridad. Para ello, la interacción comunicativa tiene que estar inspirada por la búsqueda de la verdad, la promoción de la libertad y la consecución de la justicia, teniendo su motor en el amor entre los hombres. Sin este engranaje esencial y constitutivo, “lo social” resulta imposible.

      Lo que inspira la verdadera comunicación, según esta visión, es la confianza en la capacidad de las personas para acercarse a la verdad, junto con la libertad para poder manifestarla. Por eso, son incompatibles con este paradigma los formatos comunicativos que promueven y alimentan el relativismo. Por el contrario, es preciso que se favorezca una profundidad intelectual suficiente que permita la subsistencia del deseo de encontrar la verdad sobre cada acontecimiento (especialmente, sobre las cuestiones fundamentales de la existencia). El sustento ya no puede ser el consenso de la mayoría de la sociedad o de la mayoría de los presentes en un plató de Televisión, sino un diálogo social que busca la verdad. En este sentido, se apuesta por una ética compartida, unos valores comunes, a los que sólo se puede llegar ampliando los límites de la razón que han impuesto ciertas maneras de acercarse a la realidad, también en el ámbito de la comunicación social.

      En resumen, en este nuevo paradigma se encuentra un contexto adecuado, un utillaje intelectual suficiente, un cauce válido para la comunicación de mensajes espirituales, trascendentes y vinculados a las relaciones humanas y, por lo tanto, válido para la comunicación del mensaje del Evangelio en el ámbito de la Comunicación Social.

      Por otra parte, una Comunicación Pública que pretenda comunicar el mensaje de la Iglesia ha de ser coherente, en primer lugar, con los contenidos que la Iglesia quiere transmitir y con la visión que ella misma tiene de la Comunicación Social. Por otra parte, las cuestiones sociales deben ocupar un lugar muy destacado, el que les corresponde por su peso dentro del cuerpo doctrinal católico, y por la capacidad que las cuestiones sociales tienen de convertirse en terreno propicio para el ejercicio del ecumenismo y el diálogo interreligioso. Además de que los temas sociales son, por su propia naturaleza, el contenido más apropiado para la Comunicación Social. Estas cuestiones sociales han de estar planteadas siempre desde la antropología y la visión cristiana de la sociedad.

      La comunicación del mensaje del Evangelio exige una interacción humana mucho más rica que la que es posible establecer en el ámbito de la Comunicación Social. Requiere relaciones humanas auténticas y directas. Por lo tanto, la Comunicación Social no es suficiente. Tampoco Internet –a pesar de la interactividad que permite– es suficiente. Sin embargo, este empeño no es inútil; por el contrario, es indispensable como presencia en el mundo virtual, que se ha convertido –especialmente para los más jóvenes– en una especie de ambiente de vida. Así, con esta presencia, es posible despertar las preguntas irreprimibles del corazón sobre el sentido de la existencia, e indicar el camino que conduce a un encuentro personal con Jesús, el Salvador de todo hombre, según la Iglesia; también es posible ofrecer a hombres y mujeres reales auténticas razones de esperanza. Junto con esta presencia, es necesario también desarrollar una especial sensibilidad para responder a los mensajes o inquietudes que puedan aparecer en relación a lo trascendente para poder ofrecer una respuesta adecuada, es decir, conforme al Evangelio.

      Sólo un paradigma comunicativo libre de las miradas oscuras de la desinformación, de la distorsión del periodismo objetivista y de la impuesta epistemología cientifista y, en cambio, fundado en una antropología y cosmología realista con todas y cada una de las dimensiones humanas y, a la postre, desideologizada, podrá enmarcar el desarrollo de la evangelización que la Iglesia “en salida” desea en el contexto de la sociedad de la información.

      Lo que de esta Investigación se concluye puede servir como referencia para auditorías o asesorías a la actividad comunicativa de cualquier empresa de comunicación –o de cualquier profesional– en el tema tratado. A saber: su aptitud y su actitud para la comunicación del mensaje del Evangelio; o para la comunicación de realidades espirituales y vinculadas a las relaciones humanas, en general.


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