La más reciente historiografía sobre la revolución de 1781 en la Nueva Granada (Colombia) afirma que ésta fue una revolución ¿tradicionalista¿ que no buscó una ruptura con el pasado colonial ni la independencia de España. Esta conclusión es el resultado de una perspectiva estática y unilateral que enfatiza más en la continuidad que en los cambios, y supone que la historia de las sociedades la hacen, solamente, las élites. Tras una nueva revisión de las fuentes documentales, de la reciente historia económica y social y de la teoría económica se concluye que la revolución de 1781 fue básicamente campesina y plebeya y que registró importantes rasgos de una revolución moderna. La revolución se presentó en un contexto de amplios cambios económicos y sociales en la Nueva Granada y en la política de la Corona española. Los plebeyos tuvieron la capacidad de convocar a todos los sectores de la sociedad neogranadina, incluso a las élites burocráticas del Estado colonial, en un proyecto común. En el proceso, emergieron los más diversos intereses y aspiraciones de los grupos sociales pero las facciones que contaron con un mayor grado de organización política y militar terminaron por imponerse.
El historiador inglés Jonathan I. Israel (2011, pp.529-530) sostiene que la moderna historiografía ha sido ¿extraordinariamente inconsciente del real carácter de la gran rebelión de la Nueva Granada¿ de 1781. La historiografía sobre la Revolución de 1781, conocida como la revolución comunera, se puede sintetizar, en sus rasgos más generales, en cuatro grandes bloques interpretativos: en primer lugar, están aquellos que consideran que fue un movimiento esencialmente anti-fiscal y coyuntural, y por tanto consideran que su propósito fue reformista y que no cuestionaba la legitimidad de la corona española (Camacho, 1925; Lucena, 1982; Halperin Donghi, 1985; Ocampo López, 1994 y 1995; Lynch, 2001). Otro bloque, el mayoritario, considera que el propósito fundamental de los comuneros fue la independencia o secesión de la Nueva Granada del dominio de España, ante la opresión absolutista de la monarquía, constituyéndose así, en un antecedente o una etapa preparatoria para la independencia que se registró a principios del siglo XIX (Briceño, 1880; Arciniegas, 1938 y 1988; Rodríguez, 1950; Cárdenas, 1960; Posada, 1971; Pérez, 1977; Friede, 1981; Könin, 1994; García, 2010). Un tercero, afirma que el movimiento de los comuneros fue una guerra social y anticolonial (Liévano, 1964; Aguilera, 1985).
A pesar de esa prolífica producción bibliográfica, el libro titulado El Pueblo y el Rey, la revolución comunera en Colombia de John Leddy Phelan (2009), se ha convertido en la autoridad máxima sobre el tema. Para éste autor, la revolución comunera no fue ni un antecedente de la guerra de independencia de Colombia de la Corona española (1810-1824) ni una revolución social, sino una ¿protesta¿ de las élites de la Nueva Granada que buscaron restaurar la forma tradicional de gobierno compartido con el rey de España, sustentada en una ¿constitución no escrita¿. Esta idea es seguida, con matices y reformulaciones, por la más reciente historiografía como la sustentada por la colombiana Margarita González (2005B) y los ingleses Anthony McFarlane (2007) y John Elliot (2006, 2010), y en general cualquiera que aborde el tema de los comuneros como parte de una obra mayor. A esta corriente, J.I. Israel la denomina la ¿historiografía convencional¿ por señalar al comunero como un levantamiento ¿tradicionalista¿.
Por el contrario, aquí demostramos que la Revolución de 1781 surgió en un entorno de profundos cambios sociales y económicos que alteraron no sólo la relación tradicional entre las élites residentes en la Nueva Granada y el rey de España, sino entre ellos y los plebeyos. Las reformas tributaria y administrativa del visitador Gutiérrez Piñeres, en el marco de la Nueva Planta, cayeron en un terreno infértil para su cabal cumplimiento. Demostraremos que la revolución de 1781 fue esencialmente campesina y plebeya. Por los actos de los plebeyos fue posible convocar a los más amplios sectores de la sociedad neogranadina, incluyendo a las élites burocráticas del Estado colonial, en un proyecto común. En su desarrollo mostró importantes rasgos de una revolución moderna al buscar la ruptura con las formas tradicionales de hacer la política, reubicar el locus de la soberanía y crear las condiciones para un profundo cambio socio-económico.
Esto nos llevó a indagar las características del Estado colonial en la Nueva Granada antes y después de las reformas y el papel desempeñado por las élites residentes en el mismo. Demostraremos que el marco institucional, esto es las reglas de juego político, que se diseñó desde el siglo XVI era incompatible con la nueva realidad económica y social que se fue construyendo a lo largo de la historia de la Nueva Granada y en especial en el siglo XVIII. El importante crecimiento económico y el cambio en la composición socio-racial que sostenía todo el aparato de extracción de rentas vigentes y el andamiaje social, sustentado en el trabajo forzado de indígenas y esclavos, se modificó en este último siglo. A esto se agregó la nueva perspectiva de la reorganización colonial diseñada por el Ministro de Indias, José de Gálvez, para América en el contexto del conflicto inter imperial y dinástico.
Un elemento que no ha sido abordado en forma convincente por la historiografía sobre el tema que nos ocupa son los motivos y la forma de participación de las élites neogranadinas en la revolución de 1781, pese a que se ha privilegiado a este sector en la explicación del acontecimiento. Se percibe la tendencia a ver a una élite con sus principios y aspiraciones unificadas e inamovibles en el tiempo. Demostramos que uno de los propósitos principales de las familias de las élites para la obtención de cargos gubernamentales o su influencia sobre los que los poseían era la captura de rentas económicas. La teoría económica del public choice ha desarrollado el concepto de la rent seeking (búsqueda de renta) para explicar, en una economía, los objetivos y mecanismos utilizados por ciertos grupos para la captura de una parte sustancial del ingreso ¿nacional¿, apropiación que no se deriva de su participación en la actividad productiva sino en la capacidad de influir en las instancias políticas que elaboran las reglas de juego con el fin de beneficiar a grupos particulares de interés y así lograr la transferencia de la riqueza general hacia sus bolsillos (Buchanan y Tullock, 1980, 1995; Tullock, 1988, 1989; Rowley, Tollison and Tullock, 1988; McChesney, 1988; Olson, 1992).
Otra notable deficiencia de la historiografía sobre la revolución de 1781 es la poca atención que reciben los campesinos dentro de ella, pese a ser la mayoría de la población del virreinato. Para subsanar esta deficiencia analizamos las características socio-económicas de la región de Guanentá que explican que fuera ésta región y no otra donde comenzó la revolución de 1781. Estudiamos con cuidado, y al detalle, aprovechando las pocas cifras y estudios existentes, el tipo de unidades que cultivaban el algodón, el desarrollo de la hilatura y la producción de textiles, su relación con las redes comerciales de corta y larga distancia y las actividades rent seeking desplegadas en su entorno. Hicimos un esfuerzo de cuantificación en el eslabón agrícola que nos permitió una primera aproximación sobre las áreas y cantidades cosechadas de algodón, calculadas con parámetros de cultivo de la época, y algunas cifras de control del ejercicio. A partir de estos resultados y el uso de coeficientes de conversión estimamos las cantidades producidas de hilo y el número de personas ocupadas en esas dos actividades de la cadena productiva. El Socorro y Guanentá fue la principal región en el proceso de proto-industrialización en la Nueva Granada. Esto nos permitió, de paso, explicar algunos rasgos de la competitividad de la industria artesanal textil de Guanentá en el ¿mercado interno¿ de la Nueva Granada.
Son muchos los aspectos que no han sido abordados o adecuadamente explicados por la historiografía que se ha ocupado de la revolución de 1781 los cuales intentamos cubrir en parte, contribuyendo con algunas explicaciones plausibles. Esto requirió una fuerte revisión de los archivos y narrar nuevamente los acontecimientos que se suponen suficientemente conocidos para poder confirmar nuestras hipótesis. Esto explica la extensión de este trabajo que rebasa lo sugerido por la UPF. Este estudio se divide en cuatro partes. La primera muestra los profundos cambios sociales y económicos que se sucedieron en el siglo XVIII en la Nueva Granada, las variaciones en la política imperial, el tipo de instituciones existentes antes de la revolución, las reformas que se le plantearon, la composición y forma de actuación de las élites santafereñas y el régimen político. En la segunda parte, se muestra la relación y conformación entre los diferentes grupos de interés existentes en Santafé de Bogotá, la importancia de las diferentes ¿Casas¿ familiares de las élites de la capital, sus convergencias y divergencias entre sí y con el Estado borbónico. Especial énfasis recibe las pugnas por la captura del monopolio estatal del tabaco y el rediseño del impuesto a las ventas y sus efectos sobre los sectores subalternos (cultivadores, hilanderos, tejedores, tratantes y consumidores).
Concluimos que la Revolución de 1781 en la Nueva Granada fue esencialmente campesina y popular. En su desarrollo planteó una reorientación de la organización política y económica de la colonia y una ruptura con la monarquía española. Se pasó, en su dinámica, de un simple motín anti fiscal a una revolución con importantes visos modernos. Fue campesina y popular no sólo por la participación masiva de los sectores subalternos sino por su intervención decidida en cada una de los acontecimientos, impulsando conquistas sociales, económicas y políticas mayores. La importancia de los plebeyos en la revolución se evidencia en el trato cuidadoso y privilegiado que las élites sublevadas les otorgaron en sus decisiones y convocatorias, y en la contemplación de gran parte de sus intereses en las Capitulaciones. Lo mismo hizo el Estado colonial al conceder mejoras principalmente a los plebeyos con el fin de contener la revolución. Los plebeyos, por su acción, persistencia y flexibilidad, crearon las condiciones para aglutinar a todos los sectores sociales existentes en pro de un proyecto común, incluyendo a las élites provincianas y centrales y la mayor parte del establecimiento burocrático del Estado colonial.
En la medida en que se incorporaban nuevos espacios territoriales y sectores sociales a la revolución, las aspiraciones e intereses de los participantes se solaparon unas a otras hasta plantear una ruptura con el ordenamiento colonial. Durante el desarrollo de la revolución se hizo evidente, por intervalos y a veces simultáneamente, la presencia de diversos proyectos ya fueran ellos reformistas, moderados, radicales, independentistas o de liberación social y una combinación de ellos. No fue una revolución conservadora o tradicionalista que buscara restaurar la organización política del pasado, pese a la presencia del lenguaje utilizado que así lo sugiere. Ni siquiera fue el mensaje predominante. El peso del pasado, en sus tradiciones e ideologías, fue importante y limitó los alcances y la concreción de la revolución, pero éste fue superado mientras estuvo en movimiento la multitud. Las revolución de 1781 creó una ruptura rápida de los valores prevalentes y si recurrió a las imágenes del pasado estas fueron utilizadas para legitimar el futuro.
La revolución comenzó con una ¿alianza horizontal¿ de los campesinos, tejedores y demás plebeyos mestizos y blancos del Socorro y Guanentá, pero posteriormente se constituyó una ¿alianza vertical¿ al unirse, primero, las élites de Santafé y luego las provinciales y la burocracia colonial. Esta alianza se hizo más profunda, pero a la vez más explosiva, al incorporarse nuevos sectores populares como los indígenas y los esclavos. Las causas y motivaciones para el ingreso de cada uno de estos grupos a esa acción colectiva fueron diferentes, pero sus intereses convergieron en la dinámica de la revolución hasta transformarla en un proyecto general. No obstante, en cada etapa unos sectores y facciones se sobrepusieron sobre los otros, dependiendo de su grado de cohesión, organización y su capacidad para constituir consensos, situación última que no sólo dependió de su influencia ideológica para formar una opinión pública sino la ¿razón¿ de las armas.
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