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Un estudio de la relación sujeto objeto en la epistemología de Edgar Morin

  • Autores: Juan Carlos Herranz Ocampo
  • Directores de la Tesis: Juan Antonio Gutierrez Fernandez (dir. tes.), Juan Antonio Valor Yébenes (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad Complutense de Madrid ( España ) en 2016
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Ana María Rioja Nieto (presid.), Ricardo Parellada (secret.), Antonio García Jiménez (voc.), Jesús de Garay Suárez-Llanos (voc.), Armando Menéndez Viso (voc.)
  • Materias:
  • Enlaces
  • Resumen
    • Esta tesis se articulará en seis capítulos dedicados a las siguientes nociones clave en el pensamiento de Morin: 1) el objeto, 2) oikos y filosofía, 3) el sujeto, 4) epistemología de la complejidad, 5) noosfera, noología y paradigmatología, 6) el naufragio metafísico, para terminar con un séptimo apartado concebido como exoducción.

      En cada capítulo se irán dilucidando las implicaciones de cada noción estudiada para un paradigma de la complejidad, implicaciones que aparecerán finalmente articuladas en las conclusiones. Como corresponde a toda estrategia vinculada al pensamiento complejo, intentaremos en este resumen dar cuenta del bucle que se ha intentado generar.

      Un bucle donde cada elemento nos remite a los demás, de modo que la exposición de los conceptos es indisociable de la exposición de las conclusiones, o más precisamente, de las relaciones que implican. El presente resumen desembocara más que con una conclusión, en una exoduccion.

      Capítulo I. El objeto: complejidad de la naturaleza y naturaleza de la complejidad.

      Vimos que los fundamentos epistemológicos de la complejidad se despliegan a partir de la crítica a la noción de objeto en la ciencia clásica, para asumir las consecuencias que implican los nuevos desarrollos en las ciencias físicas. La física clásica no sólo desencantó el universo, sino que también lo despobló, olvidándose de la concreción de los seres, de las singularidades, de la historia de la physis, e incluso de su propia historia en tanto que ciencia, como ya viera Thomas Kunh en "Estructura de las revoluciones científicas", operando una abstracción que sería a la vez la fuente de su grandeza y de sus cegueras. Esa física quiso arrancar a la naturaleza sus secretos últimos, y para ello se consolidó una ciencia que operaría a partir de un principio de disyunción del que la separación entre objeto y entorno, y objeto y sujeto (u observador) son dos caras del mismo estilo cognitivo. Se fraguó una noción de objeto claro y distinto, mesurable, previsible, que podría ser comprendido objetivamente por leyes universales en un mundo determinista en el que el sujeto quedaba excluido de la observación. Reducción y simplificación se convirtieron en ejes rectores de la investigación y de la explicación, excluyendo de la ciencia lo no domesticable: azar, desorden, organización, autonomía. Se construyó una noción de objeto aislado tanto de su entorno, como de su observador, de modo que esa física no podía teorizar la relación entre estas tres entidades, si bien la relación entre ciencia, técnica, economía y sociedad transformaba la civilización auropea. La física desconocía no ya sólo la complejidad de la física (que aparecería con la desaparición de la idea de átomo como unidad simple y sustancial, para revelarse como sistema complejo), sino que ignoraba la complejidad de las relaciones entre poder y saber. Se consolidó un principio de simplificación en la búsqueda de una mayor objetividad que permitiera una mayor manipulación. El objeto se constituyó como abastracto, sin historia, sin organización, apresado por la medición y el experimento. Este proceso se radicalizó en el siglo XIX con una física que reduce todo a materia, a la vez reductible a unidad simple: el átomo, configurándose un universo homogeneizado, anónimo. La física olvidó la complejidad de lo real, al tiempo que sus manipulaciones tenían enormes consecuencias tansformadoras de esa misma realidad. Una física reduccionista produjo una compledidad social de la que no podía dar cuenta desde sus instrumentos teóricos: lo mismo sucederá con la biología.

      También la física olvidó la historia de su objeto (la génesis de la materia) y se centró en la generatricidad (energía) como clave para la manipulación de cosas y hombres. Pero la búsqueda de esa unidad simple condujo a lo contrario de lo buscado: la microfísica aclaró que el átomo no es una unidad simple, sino un sistema complejo y que para su comprensión son insuficientes las ideas claras y distintas,


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