El mirar y protegerse de las miradas puede tener desarrollos imprevistos, sorpresas, turbulencias, encuentros impactantes o que cambian la vida en un espacio abierto y disponible para que actúe sobre él la labor incansable del azar. El derecho a la calle es el derecho a la libre accesibilidad del espacio público como utópica concreción del derecho universal a la ciudadanía, de una ética elemental basada en el consenso. La relación con extraños puede ser vivida como fuente de peligros, pero la vida en ciudad es un estímulo a la emancipación humana, una expectativa permanente hacia lo insólito. Estas reflexiones nos han llevado a los Fiscales a asumir la protección de los ciudadanos y colectivos más vulnerables que transitan por la ciudad, que utilizan las vías públicas, las de todos: menores, discapacitados, tercera edad, peatones y ciclistas. Es la tradición histórica de MF de asumir la defensa de los especialmente vulnerables o indefensos. Lo recoge la Circular 10/11 y lo explicitan los autores del libro.
El entorno urbano sobre el que no hemos detenido convive con el entorno de la carretera. Pero también con el entorno de la tragedia. Junto a la victimización sutil, pero real y alarmante derivada de la contaminación y de la pérdida de calidad de vida, nos topamos con la muerte, las lesiones medulares y cerebrales, los sufrimientos de todo orden derivados de los accidentes de tráfico
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