Este libro nos muestra cómo su autor ha ido depurando su arte hasta convertir el cuento en el precipitado artístico de un trozo de vida. Es mucho haber alcanzado tal grado de expresión temprana y cuando el camino se inicia apenas. Hay aquí cuentos que satisfarán las exigencias de la recta crítica, que nos resarcirán espiritualmente el tiempo que dediquemos a su lectura. Y su bondad intrínseca nos dice claramente que quien los escribió es uno de nuestros buenos cuentistas y será tal vez pronto uno de los mejores [Aurelio Arturo].
Su escritura depurada, ágil, limpia, de gran capacidad descriptiva, revela al sicólogo; su experiencia decantada de la vida. Las pasiones humanas están presentes. Es que Alberto Dow era un conocedor del alma humana; en sus cuentos se representan nuestros celos profesionales, envidias, vanidades, egoísmos, mezquindades, temores, inseguridades, equivocaciones [Javier Tafur González].
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