La primera parte de este trabajo intenta llegar a una comprensión de la metonimia a partir de la historia de la retórica, con una panorámica que lleva desde la retórica griega hasta la programación informática en nuestros días. En todos los casos, una definición implica que puede hallarse un rasgo específico con el que se puede distinguir un elemento de un conjunto. Con la metonimia es particularmente difícil, porque en la historia de la retórica la definición aristotélica fundacional según la cual es metáfora toda “transferencia del nombre de una cosa a otra” puede aplicarse a cualquier tropo, a la metáfora como a la metonimia. No es nuestra intención afirmar que estamos ante un proceso básico capaz de explicar todos los procesos retóricos, incluso la metáfora. Tampoco se trata de una reivindicación de la “hermana pobre” frente a la invasión de estudios sobre la metáfora. La idea es que existe una dificultad objetiva cuando se buscan ejemplos prototípicos de cada figura, lo que nos está indicando que no se trata de contraponer polos dicotómicos, sino de colocar los fenómenos en espacios de comprensión más amplios. Con esta convicción, en la segunda parte de este libro intentamos hallar un rasgo específico que distinga la metonimia en el continuo de las figuras retóricas
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