En el desarrollo de su actividad como Jurista, tanto en tiempos difíciles, como desde su puesto de magistrado del Tribunal Supremo de Madrid, siempre buscó aplicar la Justicia, desde la Ley Suprema y el dictado de su conciencia, con humanidad, honestidad y una honda sensibilidad. Algunas de estas características se reflejan en sus poemas que le sirven para volcar en ellos su amor por la vida, el dolor y especialmente el inmenso cariño por su tierra extremeña. Considerado Extremeño Ilustre. Ostenta la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort.
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