La autoridad de Cristo, forma del Papado, y aquello que lo constituye en propio como la racionalidad al hombre, no es concedida al dignatario cardenalicio de manera incondicional, sino con la condición de que el dignatario cardenalicio electo se apreste voluntariamente y fundamentalmente a ser Papa, lo cual le requiere no más, pero no menos, que confirmar la Revelación divino-apostólica ante el mundo.
Un dignatario cardenalicio elegido para Papa, que tuviera la intención de imponer elementos de corrupción y perversión religiosa, la cual se le descubriría a posteriori en los hechos, sencillamente no sería Papa verdadero, cualesquiera que fueren las apariencias que presente para hacerse tomar como tal
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