En este escenario decadente la lengua está sometida a embates de todo tipo que se ceban en ella como el mayor de los "relatos legitimadores" existentes, porque es el que legitima a todos los demás y en su entraña está la Humanidad -nuestra especie goza del lenguaje como un patrimonio privativo-, está la Razón y la capacidad de buscar la verdad de las cosas, de las personas y de los acontecimientos. Amén de ser lenguaje sustento de la sociabilidad, y por ello el instrumento imprescindible para articular la convivencia en democracia. Pero que puede servir, desafortunadamente, para pervertirla, convirtiéndola en "posdemocracia", o para sustentar fatalmente la tiranía.
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