“Quien sabe lo hace; quien no lo sabe, enseña”. Es la mejor máxima para definir a ese pensador-en-progreso y artista-de-borradores llamado Jean-Luc Godard. Cada una de sus películas, mejor o peor resueltas, es una lección y un aprendizaje, un paso en falso y una derrota ganada. Pocas veces un cineasta se ha mostrado tan digno, tan certero, tan honrado en su oficio, sin por ello alcanzar el grado de maestría de los “Grandes Maestros”...
En este opúsculo realizaremos una aproximación a sus postulados estético-filosóficos, siempre desde una óptica meta-cinematográfica, analizando en consecuencia su radical ruptura con las “escrituras” cinematográficas habituales (modo de representación institucional).
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados