En esta ponencia continúo una indagación por las particularidades del método de trabajo del colectivo de investigación y experimentación alrededor de la historieta Un Faulduo, iniciada con la ponencia “Elogio de la grafía” (2019). En esta ocasión, me interesa considerar dos experiencias: la muestra colectiva “Cómo sostener al faulduomundo a cuestas?” (2012), y la muestra individual “Esto es historieta” (2015). En la primera, Un Faulduo repite el gesto didi-hubermaniano de recuperar la lógica del montaje de Aby Warburg: pintan las paredes de negro como las tablas que sostenían a las imágenes vinculadas y, de esta manera, las igualan a las páginas vacías, blancas, de una historieta en la que cada imagen correspondería a una viñeta. La construcción de este procedimiento de contemplación de las obras-viñetas, con su yuxtaposición de materiales de muy diversos orígenes, procura articular los intersticios para producir una “lectura”. Puede, empero, reconocerse una lectura “correcta” de esta historieta-muestra sui generis, si se continúa con la inspiración warburgiana? Por lo pronto, para señalar el modo en el que se habilita “una” lectura, se traducirá conceptualmente a estos intersticios (los espacios entre las viñetas-obras) con los “gaps” según la teoría de la historieta de S. McCloud. En la segunda muestra, Un Faulduo avanza en el re-posicionamiento del lenguaje historietístico como lenguaje artístico, desde la manipulación de su unidad mínima: la línea de dibujo, el trazo. La inclusión en el proyecto curatorial de L. F. Noé y E. Stupía (titulado “la línea piensa”), les permite autonomizar al dibujo de la imposición figurativa y representativa que prima en la historieta, al mismo tiempo que dialogar con la rica historia de la plástica argentina. Siguiendo a P. Turnes, uno de los hitos de esta intersección la protagonizan A. Breccia y A. Berni, por lo que re-ubicaré al colectivo en la vera del umbral de estos “traperos benjaminianos”. A pesar del contraste en la consideración de estas dos muestras, finalmente, mostraré que el procedimiento “faulduo” es el mismo en todos los casos y produce resultados similares. Es el marco institucional, museológico y curatorial, entonces, la mirada teórica la que carga de sentidos diferentes a “lo” historietístico allí exhibido. De esta manera prepara, interviene, construye y legitima distintas definiciones que convendría registrar e historizar.
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